Si Martina había evitado enamorarse y casarse durante todos estos años, ¡gran parte del mérito era de ese desgraciado!
Ahora que Martina por fin estaba feliz con su asistente, ¿por qué Gustavo Moreno aparecía de repente en Solara?
¿No se había mudado con toda su familia a Puerto Argento poco después de graduarse?
Erika no conocía todos los detalles de lo que había pasado entre ellos.
En su época universitaria, Martina y Gustavo eran la pareja más envidiada del campus. Él era atractivo y carismático, mientras que Martina siempre fue alegre y extrovertida.
Martina solía contarle lo detallista y dulce que era Gustavo.
Pero una tarde, bajo una fuerte nevada, Erika vio a lo lejos cómo Martina lloraba desconsoladamente frente a Gustavo, mientras él simplemente se daba la vuelta y se alejaba sin mirar atrás.
Desde entonces, Erika notó que Martina había cambiado. Cada vez que le preguntaba, ella evitaba entrar en detalles.
Recordar eso hizo que Erika frunciera el ceño. Aunque sentía coraje por lo que había sufrido su amiga, al menos sabía que Martina ya había superado a su primer amor y había dejado entrar a alguien más a su vida.
Valerio notó la reacción de Erika y siguió su mirada.
—¿Lo conoces?
—Sí, pero no somos muy cercanos —respondió con frialdad.
Apenas terminó de hablar, Gustavo se acercó con paso seguro.
—Erika, cuánto tiempo sin verte.
Un atisbo de sorpresa cruzó el rostro de Erika, pero rápidamente recuperó la compostura y respondió seca:
—Demasiado tiempo.
A Gustavo no pareció importarle su actitud. Paseó la mirada por la mesa y se detuvo en Valerio, observándolo con curiosidad.
Valerio entrecerró los ojos, evaluando al hombre que había interrumpido su comida.
Gustavo volvió a mirar a Erika y sonrió levemente:
—No esperaba encontrarte aquí, qué pequeña es la vida.

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