Cada movimiento de Camilo era preciso y letal; cada golpe daba en el blanco perfecto. Su respiración se mantenía constante, sin alterarse lo más mínimo a pesar de la intensidad de la pelea.
Bajo su implacable contraataque, los matones cayeron uno tras otro, retorciéndose de dolor en el suelo.
Para ese momento, los guardias de seguridad del bar finalmente habían llegado y sometieron a los hombres caídos.
Camilo agarró al líder del grupo por el cuello de la camisa, lo levantó a medias y le ordenó con frialdad:
—¡Pídeles perdón a las señoritas!
El matón, ahora temblando de miedo, miró a Erika y a Martina.
—Per... ¡Perdón!
Martina no tenía la paciencia ni los buenos modales de Erika. Agarró un vaso de la mesa y le arrojó todo el líquido a la cara.
—¡Lárgate! ¡Me das asco!
Humillados y adoloridos, los matones fueron escoltados fuera del bar por la seguridad.
La multitud estalló en aplausos y gritos de euforia.
—¡Eso fue increíble! —¡Qué paliza les dio! —se escuchaba por todos lados.
Una chica muy arreglada le comentó emocionada a su amiga:
—¡Qué hombre! ¡Parecía una película de acción!
Un chico cercano levantó el pulgar, impresionado.
—Ese estilo no es de un aficionado. ¡Sabe pelear en serio!
Alguien ya estaba grabando el final de la escena con su teléfono, murmurando:
—Esto se va directo a las redes, se tiene que hacer viral.
Un par de jóvenes se acercaron a Camilo con los ojos brillando de admiración.
—Hermano, eres un crack. ¿Nos enseñas un par de movimientos?
Una chica lo miraba sonrojada, cuchicheando con su grupo:
—Es que aparte de pelear increíble, está guapísimo.
Todas las miradas del lugar estaban sobre él; se había convertido en el protagonista absoluto de la noche.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón