—Mi niña hermosa... —susurró Liliana, atrayendo a Erika hacia su pecho y acariciándole el cabello una y otra vez.
A un lado, Benjamín permanecía sentado en silencio, con el rostro marcado por la preocupación y el cansancio.
En ese momento, Valerio bajó las escaleras acompañado de los tres niños, justo cuando Leonardo y Chlóe también descendían.
Leonardo se acercó a su madre y le habló en voz baja.
—Mamá, Valerio está aquí. Vamos a lavarnos las manos para sentarnos a comer.
Liliana asintió, soltó a Erika con suavidad y le preguntó en un susurro.
—¿Tú y él... ya se arreglaron?
—No, mamá —respondió Erika en voz baja—. Justo cuando estaba por salir, él llegó a mi habitación. Al verme débil, se ofreció a traerme, eso es todo.
—Entiendo. Sea cual sea el camino que elijas, tu padre y yo te apoyaremos.
...
Durante el almuerzo.
La presencia de los niños llenó el comedor de risas y alboroto, haciendo que la comida fuera bastante amena.
Cuando casi todos habían terminado, Chlóe sacó unos folletos y los repartió por la mesa.
—Por favor, ayúdenme a elegir dónde hacer la boda. Leonardo no me sirve de nada para esto. Especialmente tú, Eri, las mujeres tenemos mejor ojo para estas cosas.
Erika tomó el catálogo. Estaba dividido en seis opciones muy distintas: un resort en una isla tropical, un jardín en la azotea de un rascacielos, un castillo antiguo y majestuoso, un lujoso crucero, entre otros.
Mientras pasaba las páginas, su mente viajó inevitablemente al recuerdo de su propia boda. Por inercia, levantó la mirada hacia Valerio.


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