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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 725

El olor a polvo y sudor inundaba el aire, mientras el rugido de la maquinaria pesada resonaba sin cesar.

Los detectores de vida no se habían detenido en ningún momento. Los operadores miraban las pantallas con la tensión marcada en el rostro, sin dejar escapar ni la más mínima señal.

—¡Por aquí! ¡Parece que hay movimiento! —gritó alguien emocionado. De inmediato, todas las miradas se clavaron en ese punto y los corazones se aceleraron.

Sin embargo, tras apartar los escombros con todas sus fuerzas, solo encontraron una enorme roca que se había deslizado.

La decepción se asomó por un instante en los ojos de todos, pero rápidamente fue reemplazada por una determinación renovada.

Tras limpiar las rocas y la tierra acumulada en la parte superior de la entrada del túnel para evitar un nuevo colapso, continuaron excavando desde ambos extremos hacia el interior.

El capitán también dio la orden de perforar desde la cima hacia abajo.

En resumen, recurrieron a todos los recursos imaginables, desde fuerza humana hasta maquinaria pesada.

Llevaban cinco días sin dormir bien y sin probar un solo plato de comida caliente.

Leonardo y Diego, quienes llevaban días esperando allí, lucían un aspecto demacrado y con las barbas crecidas.

Añadido a eso, al no haberse bañado en días y llevar la misma ropa, desprendían un fuerte olor a sudor.

Justo cuando Diego intentaba convencer a Leonardo de ir a buscar un hotel en el pueblo más cercano para darse un baño y descansar, dos autos aparecieron por el cruce a lo lejos.

Leonardo y Diego se quedaron paralizados.

Leonardo reconoció el vehículo de su familia, y Diego reconoció el de la familia Ramírez.

Ambos soltaron un profundo suspiro y cruzaron una mirada. Leonardo preguntó:

—¿Tú también avisaste a su familia?

A su lado, Eugenio Ramírez también le lanzó una mirada fulminante a la familia Romero. Cuando intentó consolar a Silvia, ella volvió a gritar entre lágrimas:

—Siempre dije que Erika era un desastre. Se llevó a mis nietos y desapareció por años, dejando a mi hijo tan destrozado que ni siquiera comía, usando el trabajo para adormecer su dolor. ¿Se creen que no estaba al tanto de nada?

La furia de Silvia parecía aumentar por momentos. Se abalanzó sobre Liliana Yáñez y, con una actitud hostil, la enfrentó:

—Y para colmo, cuando regresa, nos oculta a todos la existencia de los niños y solo nos deja verlos una vez a la semana. Si no fuera porque mi hijo hizo una transmisión en vivo para limpiar el nombre de ella, esa mujer desalmada nos lo habría ocultado toda la vida. ¿Alguna vez se han puesto en nuestro lugar? ¡Si su nuera les ocultara la existencia de sus nietos, ¿no les dolería el alma?!

Dicho esto, como si hubiera sido víctima de la peor injusticia del mundo, Silvia estalló en sollozos sin importarle la imagen que daba.

Eugenio Ramírez la tomó del brazo y caminaron de regreso al auto. Ella se apoyó en el hombro de su esposo, llorando sin parar:

—Por un lado, trata a mi hijo con desprecio, y por otro, deja que él la siga a todas partes. Ay, mi pobre hijo... Ya es suficiente con que esa mujer lo tenga como un títere, pero ahora esto... Si no lo rescatan, yo... yo tampoco quiero seguir viviendo...

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