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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 709

Tampoco se les podía culpar; era la primera vez en sus vidas que Erika se separaba de ellos por tanto tiempo.

Erika miró la pantalla y comenzó a consolarlos con ternura.

—Ya, mis amores, no lloren. Miren, aquí está mamá.

Mientras hablaba, dio un paso hacia atrás con la intención de cerrar la puerta, pero Valerio se apresuró a entrar en la habitación.

Frente a la cámara, Erika tuvo que disimular su molestia y centrar toda su atención en los niños.

Mientras charlaba con ellos, empezó a preguntarse qué haría para sacarlo del cuarto una vez que colgara.

Intentó salir de nuevo hacia el pasillo, pero Valerio la sujetó del brazo y se metió con ella en el encuadre de la videollamada.

En ese momento, Erika recordó un detalle importante: ¿no le había pedido a Leonardo que se quedara a cuidar a los niños?

¿Dónde estaba?

Como si lo hubiera invocado, el rostro de Leonardo apareció en la pantalla. Al ver a Valerio, abrió los ojos con asombro, frunció el ceño y soltó de golpe:

—¿La seguiste?

Al notar la confusión en los rostros de los niños, los adultos decidieron por acuerdo tácito no mencionar más el tema de cómo Valerio había terminado en Oricalco.

Conversaron un buen rato. Una vez que los niños se calmaron, Erika finalizó la llamada, le devolvió el teléfono a Valerio y le ordenó con voz fría.

—Ya voy a descansar. Por favor, sal de aquí.

Valerio asintió dócilmente. Sin embargo, aprovechando que ella había bajado la guardia, colocó su gran mano en la nuca de Erika, se inclinó y le dio un rápido beso en la frente antes de soltarla.

—Si te da miedo estar sola, grita. Estaré en la habitación de al lado.

Dicho esto, salió de la habitación con una sonrisa triunfante, dejando a Erika bufando de indignación por su descaro.

Menos mal que no se había puesto terco en quedarse; si hubiera decidido empujarla hacia la cama, ella no habría tenido fuerzas para oponer resistencia.

Erika titubeó antes de responder con frialdad.

—Muy bien. Pero no te molestes en hacer todo esto. Al igual que tú en el pasado, a mí tampoco me conmueven estos detalles.

Dicho esto, bajó la vista y empezó a comer. Mientras lo hacía, no perdió oportunidad de quejarse de todo: que el pan no estaba lo suficientemente suave, que el jamón no tenía buena textura, que la leche estaba muy espesa, y mil cosas más.

Valerio iba probando todo a medida que ella se quejaba. A él le parecía que estaba bastante bueno, pero no se atrevió a contradecirla en nada.

Los siguientes dos días transcurrieron con la misma dinámica. Después de visitar las dos zonas restantes, Erika se preparó para regresar, tal y como lo había planeado antes de viajar.

Tenía curiosidad por ver cómo Valerio se las arreglaría para conseguir un boleto de vuelta.

Cuando tuvo todo listo y salió de la casa, el mismo chofer que los había recogido el primer día estaba esperándolos. Pero al llegar al destino, Erika se dio cuenta de que no era el aeropuerto del cual debía partir su vuelo.

Antes de que pudiera quejarse, Valerio tomó su equipaje y la guio por un pasillo privado.

No fue sino hasta que salieron de allí que Erika vio el helicóptero aparcado frente a ellos.

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