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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 627

Yolanda se aferró con fuerza a las manos de Liliana.

—Mamá, acepto. Haré todo lo que me pidas, obedeceré en absolutamente todo. Te juro que no volveré a ser caprichosa ni a malgastar el dinero. Seré una buena hija, pero por favor, no me eches de la casa.

Al terminar de hablar, Yolanda ya no podía articular palabras por el llanto. Hundió el rostro en el regazo de Liliana, llorando a gritos.

Al ver a la hija que había criado con tanto amor durante décadas destrozada de esa manera, el corazón de Liliana se partió en mil pedazos. Las lágrimas no dejaban de resbalar por su rostro.

A su lado, doña Jimena también lloraba desconsolada.

Incluso los dos hombres, figuras de autoridad y fortaleza, derramaron algunas lágrimas ante la escena.

Leonardo observaba el suelo cubierto de papeles destrozados y escuchaba el coro de llantos en la sala. Sin embargo, su mirada terminó fijándose en Erika.

Se acercó a ella discretamente, la tomó del brazo y la guio hacia las escaleras, susurrándole:

—Eri, acompáñame a mi habitación un momento.

Erika, con el rostro serio, subió las escaleras detrás de su hermano.

Una vez que cerraron la puerta de la habitación, Leonardo suspiró profundamente.

—Eri, no lo tomes a mal. No sientas celos de papá y mamá. Han criado a esa niña durante demasiados años, es imposible que no le tengan cariño. Una vez que pase esta tormenta, todo mejorará, ¿de acuerdo?

Erika entendía perfectamente la angustia de Leonardo. Nadie en esa casa, especialmente los que estaban abajo, la estaba pasando bien.

Forzando una sonrisa, intentó sonar tranquila.

—Leo, estoy bien, no te preocupes por mí. El que está cargando con todo el peso eres tú.

Leonardo le restó importancia.

—Soy un hombre hecho y derecho, puedo con esto y más...

Pero de pronto detuvo sus palabras. La miró a los ojos, y su expresión se llenó de una profunda tristeza y dolor.

Leonardo continuó:

—Cuando los Jiménez se vayan, quiero que tú y yo nos sentemos con nuestros padres y les contemos toda la verdad sobre tu vida. ¿Estás de acuerdo?

Erika se quedó pensativa por unos segundos y luego preguntó:

—¿A qué vino Valerio hoy a la casa? Noté que mamá tiene una muy buena impresión de él. Antes ya intentó ganarse a los niños, y ahora que le debemos un favor tan inmenso, seguro intentará ganarse a papá y mamá. Estaba dudando si contarles todo lo que pasó entre él y yo.

Leonardo fue directo:

—Es mejor que se los contemos. De esa forma, la actitud que tomen hacia Valerio en el futuro será decisión exclusiva de ellos.

—Está bien —accedió Erika. A través de la puerta cerrada, aún se escuchaban los llantos ahogados desde el piso de abajo. Erika suspiró—: Leo, ¿por qué no bajas a ver cómo están? Es natural que no pueda aceptar algo así en una sola noche. Hay que llevar las cosas con calma.

Leonardo la miró fijamente y, antes de salir, le advirtió con seriedad:

—Eri, sé que eres una persona noble y de gran corazón. Pero grábate esto: lo que por derecho es tuyo, no se lo cedas a nadie.

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