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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 605

—Pásamelo, quiero verlo.

Vanesa se apresuró a sacar su teléfono, abrió su cuenta de redes sociales y se lo entregó.

Erika revisó algunos de los videos y luego se lo devolvió:

—Tienes poco más de mil seguidores y el tráfico de tus videos es pésimo. Este formato para mostrar tu trabajo ya pasó de moda. Tu técnica fotográfica es excelente, no hay duda de ello, pero la gente que se topa con tus videos hace un simple deslizamiento rápido en la pantalla, como si vieran un simple fondo de pantalla.

Vanesa preguntó de inmediato:

—¿Qué me aconsejas hacer?

Erika la miró de reojo y le devolvió la pregunta con frialdad:

—Lo que yo te diga no tiene por qué ser la verdad absoluta, ¿por qué confías tanto en mi palabra?

Vanesa asintió con rapidez:

—Sé que todo lo que tienes hoy lo construiste con tu propio esfuerzo. Además... después de lo que pasé con Lorena, estoy segura de que eres una persona íntegra.

—Ah... —Erika soltó una carcajada cínica—. Pues muchísimas gracias por el halago.

Sintiendo que Erika aún guardaba un profundo rencor por el pasado, Vanesa agachó la cabeza, avergonzada.

Un momento después, Erika se puso de pie:

—Mi consejo es únicamente a cambio de la información que me acabas de dar. Tu cuenta no va a llegar a ninguna parte si sigues así. Tienes que cambiar de estilo por completo. Por ejemplo...

Erika procedió a explicarle a Vanesa un par de estrategias para crear contenido sin necesidad de tener un gran equipo detrás, dándole ideas para que sus videos captaran de inmediato la atención del público. Al final añadió:

—Si lo haces de esta manera, vas a ganar bastantes seguidores rápidamente. Una vez que tengas una audiencia, puedes abrir una tienda en línea, hacer transmisiones para vender, o aceptar pautas publicitarias.

Una vez que terminó de escribir, se puso de pie y la llamó con voz suave:

—Vanesa Gutiérrez.

Vanesa, que estaba distraída mirando al suelo, levantó la mirada al escuchar su nombre. Pero apenas alzó el rostro, la mano de Erika se estrelló con fuerza contra su mejilla, provocando un sonido seco y contundente.

Vanesa se llevó la mano a la cara, mirando a Erika con pura incredulidad. Sin embargo, antes de que pudiera procesarlo, Erika, con un rostro totalmente inexpresivo, le propinó otra bofetada en el otro lado. Luego, mientras se frotaba la mano adolorida, sentenció con indiferencia:

—Una bofetada por la humillación que me hiciste pasar aquel día. Y otra para devolverte el golpe que me diste. ¿Tienes alguna queja?

Sujetándose las mejillas ardientes y con lágrimas arremolinándose en sus ojos, Vanesa guardó silencio, negó con la cabeza y no pronunció una palabra más. Se quedó parada unos segundos antes de dar media vuelta y salir de la oficina.

Desde la puerta, Catalina le lanzó una mirada llena de asco a Vanesa, soltó un bufido y luego entró, quejándose:

—Escuché todo desde afuera. Ay, Eri, ¿para qué la ayudas? A personas de esa calaña hay que exprimirles la información y luego mandarlas a volar, para que vean lo dura que es la vida.

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