Erika no supo qué más decir y se quedó sentada en silencio, con la cabeza baja.
—Ay, Eri, todos los hombres son así. A la mínima provocación se van a los golpes, tú no te mortifiques por eso —Martina no quería que el ambiente se volviera incómodo, así que intervino—. Por cierto, ¿hoy no mencionaste algo sobre la compensación para Cristina Falcón?
Erika asintió.
Martina frunció el ceño y le preguntó a Adrián Lozano:
—¿Qué crees que sea lo mejor en este caso?
Adrián, sin necesidad de pensarlo, soltó de inmediato:
—Ese maldito de Martín Falcón intentó abusar de ti. Si yo estuviera en tu lugar, no le daría ni un centavo; de hecho, iría hasta su casa a amenazarlo.
Martina replicó:
—Es cierto que el asunto da muchísima rabia, pero pudimos encontrar estas nuevas pistas gracias a Cristina. Llevábamos un buen tiempo investigando y prácticamente estábamos en cero. ¿Acaso íbamos a esperar que Penélope Milán nos contara algo? Eso sería vivir de ilusiones, si dice algo terminará en la cárcel. A menos que estuviera en su lecho de muerte... y aun así, dudo que tuviera el buen corazón de contarle la verdad a Eri. Aunque Cristina y Martín son marido y mujer, el favor que nos hizo es muy grande.
Adrián no discutió, solo dijo en tono calmado:
—Es verdad, pero al final del día siguen casados.
Dicho esto, la mirada de Adrián volvió a posarse en Erika:
—En asuntos como este, Martina y yo solo podemos darte sugerencias. Eri, si de verdad encontramos a tus padres biológicos esta vez, y sientes que el aporte de Cristina merece tu agradecimiento, no hay nada de malo en que hagas algo por ella. En fin, la última palabra la tienes tú, y como siempre digo, tienes todo nuestro apoyo.
Martina estuvo de acuerdo:
—Lo mismo digo, te apoyo incondicionalmente.
Erika los miró unos segundos y, con un nudo en la garganta, respondió:
—Sí... lo entiendo...
Hace unos años había sido igual. Tomara la decisión que tomara, ellos dos siempre estaban ahí para apoyarla.
Después de escuchar lo que había contado Diego Álvarez, también odiaba profundamente a Martín Falcón. Tendría que pensar bien las cosas antes de actuar.
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Sin más, le lanzó una mirada fulminante y se dirigió a la habitación.
Si no fuera porque él la había salvado, lo habría echado frente a todos sin dudarlo.
Una vez que Valerio entró al estudio, Erika cerró la puerta y le exigió respuestas:
—En primer lugar, agradezco mucho que me hayas salvado, pero te pido que dejes de acercarte a mis hijos. Son pequeños e inocentes, y el hecho de que te aproveches de eso para ganarte su cariño es caer muy bajo.
Valerio no se enojó, sino que respondió con total calma:
—A los niños les caigo bien, estaban muy felices.
Erika le lanzó una mirada gélida.
—Si supieran que casi los matas, ¿crees que todavía te querrían?
—No se los dirás, ¿cierto? —Valerio la miró, frunciendo el ceño—. Además, las cosas no son como tú crees. Reconozco que te hice daño en su momento y he querido explicarte lo que pasó, pero te niegas a escuchar. He intentado hablar contigo, pero me ignoras. Por eso no me queda otra que empezar por darles mi cariño a ellos.

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