TOMO 2. CAPÍTULO 70. Una pareja en shock
Liliana
No sé qué me pasa. Estoy agotada, sin energía, como si mi cuerpo estuviera apagándose poco a poco. Cada vez que cierro los ojos, siento que podría dormir días enteros, pero ni eso me hace sentir mejor. Logan no se separa de mí, siempre atento, siempre cuidándome, pero yo apenas tengo fuerzas para hablar.
La preocupación que tengo no ayuda. Sé que Ryker está bajo custodia, pero no puedo dejar de pensar en lo que pueda decir. ¿Qué basura podría usar para intentar hundirme? ¿Hasta qué punto podría arrastrarme con él? Me invade el miedo, y a eso se suma el malestar físico que no me abandona.
Las náuseas son constantes y ahora la mayor parte del tiempo vomito todo lo que como.
Salma, siempre atenta, entra a la habitación con un té caliente y me lo deja en la mesita.
—Esto te ayudará —me dice con su tono dulce, aunque noto que me mira con un interés particular—. Es de jengibre.
—Gracias, Salma —le respondo, intentando sentarme un poco para tomar el té.
Ella me observa en silencio por unos segundos y luego me dice, de golpe y sin filtro:
—¿No será que estás embarazada, linda?
Mi cabeza da un giro completo con esa frase y el té casi se me resbala de las manos.
—¿Qué…? No, claro que no. —Intento sonar firme, pero siento un nudo en la garganta.
—¿Estás segura?
Y quiero decir que sí. De verdad quiero.
—Sí estoy segura, Salma. Mi periodo no se ha detenido…
—A veces el cuerpo hace cosas raras, niña —insiste—. Muchas mujeres siguen teniendo el periodo los primeros meses de embarazo.
Mis manos tiemblan, y dejo el té en la mesita para evitar tirarlo.
—No puede ser, Salma. No...
Ella encoge los hombros, como si no hubiera dicho nada del otro mundo, y se levanta para irse.
—Bueno, yo solo digo que no lo descartes. Pero te aseguro que estos síntomas... —me señala con una sonrisa casi maternal—, a veces hablan más claro que una prueba.
Cierro los ojos y m e llevo las manos a la cabeza.
—Dios… Esto no puede estar pasando, no ahora —murmuro para mí misma, pero lo suficientemente alto para que ella lo escuche.
Salma sonríe, como si supiera algo que yo no, y justo en ese momento Logan aparece en la puerta.
—¿Qué no puede estar pasando? —pregunta mientras me mira con esa mezcla de curiosidad y preocupación que siempre tiene cuando cree que estoy escondiéndole algo.
Salma me lanza una mirada cómplice y se retira de la habitación, dejándonos solos, él cruza los brazos, esperando una respuesta.
Ni siquiera sé cómo decirle esto, pero ya no puedo seguir dándole vueltas a las cosas.


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