CAPÍTULO 14. Verdades de mentiras
Liliana
Cada segundo desde que el señor Greñitas despertó me ha puesto al límite, pero estar atrapada con él en un sitio que no conozco y donde obviamente nadie me conoce, me hace entender que de aquí en adelante cada palabra que salga de mi boca será una mentira en una lucha por sobrevivir.
—¡Te hice una maldit@ pregunta! ¡¿Por qué Salma no te conoce?! —repite y Vincent trata de calmarlo.
—Logan…
—¡Responde!
—Porque jamás me trajiste aquí —contesto con la verdad que puedo—. Todo esto… —gesticulo con la mano, abarcando las paredes decoradas, las ventanas altas, el aroma a madera y cuero de esta mansión que parece sacada de una película de época—… no sabía que tenías nada de esto hasta después de que nos casamos, cuando ya estabas… en el hospital.
Su expresión cambia de inmediato, como si mis palabras fueran un insulto personal. Frunce el ceño y aprieta la mandíbula, claramente molesto.
—¿En serio eres tan estúpida como para casarte con un hombre que no conoces bien? —su voz es un susurro bajo, lleno de sarcasmo y de crueldad.
—Pensé que eras una buena persona… —replico.
—¡Uff, eso no suena mucho como a ti! —murmura Vincent mirando a su hermano.
—Y tampoco me dejaste otra opción —termino y todos asienten.
—¡Pues eso sí suena mucho como a ti! —exclama Anthony palmeándole el hombro—. Ya deja de incordiar a la muchacha, acaba de llegar a casa…
—¡Tú no te metas en esto! —le advierte Logan con una mirada severa y me mira de nuevo—. ¿Cómo nos conocimos? ¿En qué fecha nos casamos? ¿Por qué no estuviste conmigo los primeros días de mi accidente? ¡Y sí, pregunté y nadie te vio conmigo los dos primeros días que estuve en el hospital!
Siento un nudo en la garganta, pero no tengo que mentir en eso.
—Tienes razón, no estaba contigo porque estaba con otra persona. —Hago una pausa, recordando aquellos momentos en el hospital, sentada junto a mamá, esperando por un milagro que no pasó—. Las semanas antes de tu accidente fueron un maldito torbellino para mí, ni siquiera supe que te habías caído del caballo…
—¡Ah, déjame adivinar, eres una simple enfermera de hospital a la que conocí en una de las juntas, me quedé perdidamente enamorado de ti y me casé contigo en impulso completamente pasional! —se burla.
—Sí nos conocimos en el hospital, pero no soy enfermera. Estaba en el hospital con mi mamá… —La voz se me quiebra cuando la recuerdo y cierro los ojos porque no quiero llorar delante de esta gente—. ¿Tienes alguna otra pregunta?
Logan me observa unos segundos, evaluándome, y luego su mirada vuela hacia su hermano, como si le lanzara una orden muda, y sé que Vincent interpretará esa mirada como una instrucción de “investiga si esta historia tiene sentido.”
Comprendo que estoy en la boca del lobo, y ese lobo no es otro que Logan St. Jhon.
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