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IMPERDONABLE romance Capítulo 128

TOMO 3. CAPÍTULO 128. Vendetta

Logan

Se me hace un nudo en la garganta al ver a Liliana. Ha pasado solo una semana desde que me dejó en aquella comisaría en San Diego, pero parece que han sido años. Años pesados, oscuros, en los que cada día he sentido que me hundía un poco más. Me pesan incluso más que todos esos meses en que no la vi.

Y ahí está ella, como si nada. Segura, confiada, con esa sonrisa serena que últimamente jamás es para mí.

La veo reír por lo bajo cuando Carolina entra al palco como si estuviera yendo a un baile. No puedo evitar chasquear la lengua. Carolina nunca sabe medir sus entradas y si cree que se ha vestido para impresionar, la verdad es que solo desentona con tanto lujo entre gente que solo se va a montar a caballo y a sudar.

La sujeto del brazo firmemente, y me inclino hacia ella.

—Ni se te ocurra hacer un escándalo aquí —le digo entre dientes—. Si haces el más mínimo teatro, Braxton será quien te saque a patadas, porque hay que temerle más al gobernador que a tu padre; y más a la mujer que puede manejar al gobernador que al mismo gobernados. ¡Así que puedes estar segura de que si te saca, créeme, yo lo ayudaré!

Carolina me fulmina con la mirada, pero se queda callada. Por suerte, porque no estoy de humor para lidiar con ella, no hoy. Mi atención está completamente en Liliana y ni siquiera me molesto en disimularlo

Se sienta lejos, por supuesto. En el mejor asiento del palco, con vistas perfectas al circuito. Arthur Wexler está a su lado, inclinándose para decirle algo al oído. Ella asiente, sin apartar los ojos del hipódromo, y a mí se me eriza la piel de los… ¡Los nada! ¡No tengo ni siquiera el asomo de derecho a sentir celos!

La primera ronda de exhibición comienza y los caballos empiezan a salir.

El público aplaude cuando el primer grupo de jinetes hace su entrada. Reconozco todos los rostros, todos los nombres, por eso sé cuál es el jinete y el caballo de Liliana. Es un magnífico ejemplar, pero hay otro mejor en la ronda:

—El caballo del señor Hexell, Spirit, queda reconocido como el mejor de esta ronda —anuncian los jueces mientras le entregan el distintivo al impresionante purasangre blanco.

La segunda ronda empieza y me cruzo de brazos, un poco distraído, pero mi atención vuelve cuando veo salir al jinete de Liliana.

Lleva a un caballo árabe, de esos que parecen sacados de un cuadro. Su pelaje brilla bajo el sol como si estuviera hecho de oro líquido, y su paso es tan elegante que hasta los jueces parecen hipnotizados. Cuando anuncian que ha ganado la ronda, Liliana sonríe, apenas un poco, pero lo suficiente como para que me revuelvan las tripas.

—¿Por qué tiene que sonreír así? —gruño y Vincent se me acerca.

—¿Qué dijiste?

—Nada… nada.

La tercera ronda me pone más alerta. Es mi turno, bueno, casi. Vincent sale con Miracle, una yegua que llevo años entrenando. La veo brillar en el circuito, con su pelaje claro y su andar impecable. La crie desde que era una potrilla, y aunque sé que Vincent es un buen jinete, me duele un poco no estar ahí con ella.

Por supuesto, Miracle queda ganadora. Aplaudo junto al resto, pero no puedo evitar echarle un vistazo a Liliana. ¿Está impresionada? No lo sé. Su rostro es un enigma, como siempre.

Entonces, para la cuarta ronda, sucede algo que no espero. Liliana se inclina hacia Arthur y le hace un guiño.

—Campeón, ¿te animas a hacer un despliegue de habilidades? —le dice y él sonríe.

—¿Quieres que monte a Atila?

—Bueno, se necesita una bestia para manejar a otra —dice ella con tono coquito y a mí se me erizan hasta los pensamientos de la rabia.

—Me voy a tomar eso como un gran halago —le susurra, se pone de pie y baja al circuito.

¡Maldito Wexler!

Bajo la vista al caballo que va a montar y casi me atraganto, como todos los demás. Es un shire inglés gigantesco, un animal que parece sacado de una leyenda medieval, con uno setenta metros de alzada , color caramelo, con una melena que le llega casi al suelo y unas patas tan robustas que podrían derribar una pared. Arthur se sube con elegancia, pero incluso él, con su porte de inglés recto, parece pequeño sobre esa bestia.

TOMO 3. CAPÍTULO 128. Vendetta 1

TOMO 3. CAPÍTULO 128. Vendetta 2

TOMO 3. CAPÍTULO 128. Vendetta 3

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