TOMO 3. CAPÍTULO 108. Diversión tras las cámaras.
Liliana
Hay que empezar por decir que Arthur Wexler es un bombón inglés, con su uno ochenta y siete, su sofisticación inglesa, cuerpo de gimnasio reprimido y acento de Henry Cavill enojado… Aunque Diosito es testigo de que no fue por eso que lo contraté para dirigir mi empresa, sino por su licenciatura en Oxford y sus dos maestrías en negocios internacionales en Cambridge.
Total que es un cerebrito guapo y no se puede negar que ha hecho crecer mi negocio exponencialmente.
—También es un hombre lo suficientemente inteligente como para haber invertido en esta empresa y hacerse rico en el proceso —me dice Beri como si pudiera leer mis pensamientos—. ¿No has pensado que aquí el rey Arthur es mejor candidato que su señor Greñas feas?
—Es Señor Greñitas —replico y sonrío—. Y ahora no tengo tiempo para pensar en eso, Beri. Tengo que priorizar, ¿recuerdas? Pero mientras tanto no hay ningún problema con mirar un poquito.
Empujo una silla hacia ella y las dos vemos cómo Arthur se cierra la camisa y se ajusta la corbata frente al espejo.
“¿Tenemos conexión, jefa?” pregunta él y yo carraspeo, apretando un botón de la computadora para responder.
—¡Síiii! Este… sí…
Tengo la pantalla frente a mí y mis manos descansan sobre el teclado mientras vigilo la transmisión en tiempo real desde los lentes de Arthur. Es increíble lo útiles que pueden ser las cámaras diminutas que Kolya instala. Y Arthur, con su porte sofisticado y naturalidad, las lleva como si fueran un accesorio más de su estilo refinado. Nadie sospecharía que estoy viendo y escuchando todo lo que sucede.
Él sale de la casa y Beri suspira.
—¡Hasta aquí llegó lo interesante para mí! Cuando regrese a su casa y se empiece a desvestir me avisas —advierte Beri antes de marcharse y me quedo sola con la transmisión.
Arthur llega a la fiesta y en la primera imagen que ve, mis ojos buscan a Logan. Su rostro me golpea como una ola inesperada. Sigue igual de apuesto, pero con una expresión más tensa, más sombría. Parece incómodo, y esa incomodidad crece cuando Arthur entra en la sala con una sonrisa impecable.
“Caballeros, buenas tardes” saluda Arthur, inclinando levemente la cabeza. Su tono es firme, pero cordial, justo lo que cautiva.
Varios de los hacendados se levantan para saludarlo, y pronto lo rodean como si de verdad fuera un rey recién llegado. Finalmente entre todos los murmullos, escucho una voz grave que sobresale.
“Señor Wexler, necesitamos su ayuda para enfrentarnos al gobernador. Usted tiene la influencia que necesitamos.
Arthur les dedica una sonrisa medida, esa que sé que utiliza cuando quiere hacerse el interesante.
“Bueno, como CEO de la empresa mi prioridad es el bienestar de nuestros proyectos. El dueño de la empresa, sin embargo, es un poco… temperamental. Le gusta analizar todas las opciones antes de tomar decisiones importantes.
Al escuchar eso, veo en la pantalla cómo las cejas de Logan se arquean. No dice nada, pero su expresión habla por sí sola. Lo conozco demasiado bien. Está tratando de descifrar a Arthur, y probablemente también está preguntándose qué clase de situaciones podrían haberlo relacionado conmigo y con mis hijos.
“¿Temperamental?” pregunta otro hacendado, cruzando los brazos. “Señor Wexler, con todo respeto, aquí todos estamos en la misma situación. Necesitamos saber si podemos contar con ustedes”.
Arthur hace un gesto de falsa consideración, inclinando un poco la cabeza.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: IMPERDONABLE