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¡Oops! Casada con el chico equivocado romance Capítulo 91

Después de dos días poniéndose pomada, la marca roja ya casi no se notaba.

A Evaldo, con solo pensar que a ella le habían dado una bofetada, se le encendía en los ojos una rabia que no intentó esconder.

Si Yuria no hubiera sido su madre, Evaldo habría mandado a alguien a devolvérsela con intereses.

Pero aun así pensó en ella: la defendió sin pasarse de la raya.

La dureza que había mostrado hace un rato en el privado se le fue borrando de la cara, y en su mirada quedó una suavidad que ni él mismo alcanzó a notar.

Se agachó despacio y se quedó mirando en silencio la carita tranquila de Sania.

Sania seguía dormida, metida en un sueño bonito. Sacó la lengua rosadita y se lamió los labios, como sin querer.

La respiración de Evaldo se volvió más pesada.

Contuvo el aire, se inclinó poco a poco y, en un beso rapidísimo y muy suave, rozó la comisura de sus labios. Fue apenas un toque y se separó.

La sensación tibia y blanda venía con ese aroma ligero que ella siempre traía encima.

Evaldo sonrió apenas, y se quedó mirándola dormir con los ojos encendidos, mientras algo oscuro le revolvía por dentro.

¿Cuánto falta para que, de verdad y por voluntad propia, te enamores de mí?

-

Al día siguiente, Sania se estiró como gato.

Esa noche había soñado algo rarísimo, como un sueño todo revuelto: en el sueño, Evaldo la perseguía y ella corría por un buen rato.

Ni ella misma se explicaba por qué había soñado con Evaldo.

Tal vez porque últimamente se habían acercado un poco. Sania apretó los labios y decidió en silencio que, aunque fuera un matrimonio por contrato, igual tenían que guardar una distancia necesaria.

Cuando salió con su camisón y se sentó a la mesa, el hombre miró el reloj como si nada y soltó:

—Sra. Camoso, ¿se te olvidó que hoy salíamos para el crucero?

Sania se quedó ida y miró el reloj de la pared.

Carajo. Con tantas cosas encima, se le había borrado por completo.

—Espérame, ahorita voy a hacer la maleta.

Dicho eso, se levantó para correr al cuarto, pero el hombre la agarró de la muñeca.

—No te apures. Ya se nos pasó la hora. Primero desayuna y luego haces la maleta con calma.

Capítulo 91 1

Capítulo 91 2

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