Noa le pidió a una amiga que investigara el estado civil de Sania. Sí, aparecía casada. Pero el nombre del cónyuge estaba protegido.
Noa fue a tantear a Yuria.
—Mamá, ¿mi hermana sigue saliendo con pretendientes? La vez pasada era con Lenso… ¿y ahora con quién?
Yuria se tensó un segundo y luego sonrió.
—Noa… en realidad Sani ya se casó.
—¿Con quién? Yo pensé que seguía con citas. No creí que fuera tan rápido.
Pero ante las preguntas, Yuria empezó a trabarse.
Cuando se acordó la unión con la familia Camoso, quedó claro que lo dirían el día de la boda.
Y, como Yuria y Alejandro ya habían hecho enojar a Evaldo la vez pasada, ahora no se atrevían a ir en contra de lo que él quería.
—Noa, el día de la boda lo vas a saber.
Noa insistió y también molestó a su papá, pero Alejandro era todavía más hermético.
Eso la hizo pensar de más: ¿qué clase de esposo sería, para que no dejaran decir ni una palabra?
Y con las condiciones de Sania, llegar a una familia por encima de los García… estaba difícil. A menos que fuera alguien parecido a los Lenso, más o menos del mismo nivel.
Por dentro, a Noa le dio gusto.
Si se hubiera casado “bien”, sus papás ya lo andarían gritando por todos lados. Si lo escondían así, era porque el tipo tenía algo grave, o porque el matrimonio no valía la pena.
Pensar que Sania se había casado mal la dejó tranquila.
Y ahora que ella ya estaba peleada con la familia, mejor: ya no tenía que fingir que eran “hermanas unidas”.
-
Casi al final de la jornada, Sania recibió una llamada de una primaria.
—Hola, ¿usted es la tutora de Iván? Iván tuvo un conflicto con un compañero en la escuela. ¿Podría venir a las cinco?
Sania se quedó helada. Preguntó el grado y el nombre de la escuela, y salió corriendo.
En el camino, llamó a Evaldo, pero no le contestó.
Pensó en llamar a Sandro, pero se detuvo.
Si la escuela había llamado a ella, era porque Iván no quería que su abuelo se enterara.
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