Las pupilas de Marco se le encogieron sin aviso, buscando en ese rostro blanco y perfecto aunque fuera una señal de broma.
Pero su sonrisa, hace un segundo medio sobradora, se le quedó colgada, incómoda.
—Sania, ya te dije que no hace falta que juegues a acercarte y alejarte.
Sania levantó apenas la comisura de los labios.
—No estoy bromeando. Pero, Sr. Casas, ya pasó un minuto de tus cinco.
Los dedos marcados de Marco se encogieron un poco.
—Escuché que te peleaste con tu mamá.
—Aunque sea tu asunto, no lo hagas tan feo. Alejandro, por verte mal, quiso golpear a Luis. Si sigues así, a Yuria la vas a poner entre la espada y la pared.
—Sania… antes no eras tan impulsiva. ¿Por qué ahora estás tan alterada?
Como si inventarse un “esposo” fuera solo para picarle el orgullo.
A Marco no le gustaba esa Sania.
Sania se encogió de hombros, con una sonrisa burlona.
—Mira nada más… Marco, sigues con esa maña de querer ser el papá de todos.
—Mi papá ya murió, tú no eres mi jefe, no somos nada. ¿Puedes hablar sin ese tono de “yo sé más que tú” todo el tiempo?
Marco apretó la mandíbula.
—¡Sania, lo hago por tu bien!
—¿Por mi bien? —Sania soltó una risa seca—. ¿Entonces Luis me encierra y yo ni derecho a enojarme? Que me pida perdón es lo mínimo. Pero ahora… ya ni me interesa escucharlo.
—Guárdate tus sermones. ¡No necesito que me eduques!
Los ojos de Marco se enfriaron, hondos.
—¿En qué te convertiste, Sania?
—¿Solo porque quieres hacerme enojar, hablas así sin pensar?
Sania sintió que a Marco le salía lo “papá regañón” por los poros. Por dentro, se quedó sin ganas de discutirle lo obvio.
—Marco, de verdad no intento hacerte enojar. Me casé, y por eso no quiero enredarme contigo.



VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Oops! Casada con el chico equivocado