En resumen, hicieran lo que hicieran, no iban a comprar nada.
Sania tenía la llamada a la policía a la mitad cuando escuchó lo que estaba pasando. Colgó de inmediato y, aprovechando un descuido de los guardaespaldas, se esfumó.
Bien hecho. Por andarla molestando, se quedaron sin anillos. Se lo merecían.
Marco, con la cara helada, soltó una amenaza.
—¿Te la crees? Mañana mismo compro esta tienda.
Pero por más que presionó, la respuesta fue siempre la misma, cuatro palabras:
—Lo siento mucho.
Al final, Marco y Noa terminaron siendo echados.
Él salió con el rostro duro. Luego volteó y ya no vio a Sania por ningún lado, y se le oscureció todavía más la expresión.
Llamó de inmediato a su asistente. Cuando le respondió, Marco por fin entendió: ese centro comercial era de Grupo Camoso.
Así que, después de todo, Evaldo había metido mano.
Marco clavó la mirada en el gerente.
—Dígale al Sr. Camoso que esta cuenta se la voy a cobrar.
El gerente sonrió incómodo. Que se la “cobrara” o no, a él qué. Solo era un empleado.
-
Sania no había caminado ni mucho cuando una fuerza la jaló hacia un elevador.
Gritó y estuvo a punto de forcejear, hasta que vio ese rostro de facciones marcadas.
—¿Tú?
Evaldo soltó una risa corta.
—A ver, ¿tú eres de madera o qué? Te estaban fastidiando y ni sabes correr.
Sania reaccionó.
—¿Lo de ahorita fue gente tuya?
Con razón había sido tan “oportuno” que llegara alguien a molestar a Noa y a Marco.
Si no, aunque ella llamara a la policía, habría perdido un montón de tiempo.
—¿Y qué creías? —Evaldo resopló—. La próxima vez que te topes con dos locos así, les sueltas una patada a cada uno. Tranquila, si los dejas mal, yo pago.
Sania no supo si reír o llorar.
—Ya entendí.

VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Oops! Casada con el chico equivocado