Elio vio a Evaldo así y no pudo evitar poner los ojos en blanco.
—Ven, preciosa. Ve al probador, ya tengo listo el vestido.
Sania se quedó un poco descolocada por lo que acababa de decir.
—¿Tú… me vas a ayudar a probármelo?
Fuera lo que fuera Elio, al final era un hombre.
Elio soltó una risa.
—Ay, preciosa, qué chistosa. Yo quisiera, pero a alguien no le gusta.
—Mi asistente Melia te está esperando atrás.
Sania vio a una mujer de cabello morado al fondo y se tranquilizó un poco.
Melia abrió la puerta del probador. En cuanto Sania vio el vestido colgado ahí, se quedó impactada.
Bajo una luz cálida, el vestido parecía bañado en luna,
como si desde los pliegues del hombro y el cuello se derramara un río de estrellas moradas.
—¿Este diseño es del maestro de ahorita? —preguntó Sania.
Melia sonrió.
—¿Te gusta?
—Me encanta.
Y lo dijo de verdad.
Ese morado, como de lavanda, le entró directo al corazón.
En el espejo, el escote palabra de honor llevaba perlas blancas, brillando suave. A la altura de la cintura, hilos dorados destellaban como chispas, abrazándole la figura con precisión.
La falda, amplia, tenía tres capas: la primera parecía neblina antes del amanecer; la del medio, lavanda con rocío; y la última, llena de pedrería, como si hubieran amasado la Vía Láctea dentro del tul.
—¿Ya? —preguntó Evaldo afuera del probador, con voz tranquila.
Melia abrió la puerta.
Sania se tragó los nervios, levantó la falda como pudo y salió con la cola del vestido deslizándose detrás de ella, avanzando despacio hasta quedar frente a él.
La nuez de la garganta de Evaldo se movió. En el fondo de sus ojos oscuros había una agitación contenida.
—¿Se ve bien? —preguntó Sania, un poco nerviosa.
Evaldo curvó apenas los labios.
—Sí. Se ve muy bien.
—¡No solo bien! Preciosa, ¡estás espectacular! ¡Valió la pena cada día que me tardé!
VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Oops! Casada con el chico equivocado