Marco llevaba días de mal humor.
Pero Noa propuso ir a ver anillos juntos, y Marco no pudo negarse.
Justo ese día, Sania había ido a la joyería a cambiar el tamaño de unos anillos de pareja.
La vez anterior se los probó y le quedaron un poco grandes. En ese momento pensó en comprarlos así, pero al llegar a casa se dio cuenta de que sí, le quedaban demasiado grandes, así que volvió para ajustarlos.
Guardó todo en su bolso y, al voltearse, vio a dos personas entrar de la mano.
Sania apretó los labios.
Quiso hacerse la que no los veía, pero Noa la agarró del brazo.
—Sania, tú también estás aquí. Ese día que Marco fue a pedir mi mano a la casa tú no estabas. Sania, me voy a casar con Marco.
El rostro de Sania se mantuvo sereno, y su tono fue indiferente.
—Ajá. Felicidades.
—Si ya terminaste, suéltame. Me tengo que ir.
Pero Noa no iba a dejar pasar una oportunidad tan buena para humillarla.
Sonrió, dulce, mirando al hombre a su lado.
—Marco, el anillo es la prueba más importante de nuestro amor. Quiero invitar a Sania a que me ayude a elegir, ¿sí?
Los ojos oscuros de Marco brillaron apenas.
—Sí.
Sania frunció el ceño, impaciente.
—¿Le preguntas a él si sí, pero a mí no me preguntas si quiero?
—Ya dije que traigo prisa. Y además, Noa, tú y yo no somos tan cercanas, ¿no?
—No me estés fastidiando.
Cuando Sania se dio la vuelta para irse, Marco le bloqueó el paso, con la voz helada.
—Pídele disculpas.
Sania lo miró fijo.
—¿Y si no?
Los ojos alargados de Marco se entornaron.
—Entonces ni sueñes con irte.
Sania por fin entendió lo que era obligar a alguien a la fuerza.
Se giró hacia la vendedora.
—Señorita, sáqueme lo más caro que tengan.
La vendedora captó al instante.



VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Oops! Casada con el chico equivocado