Julián llevaba días escondiéndose de los cobradores.
Su esposa se fue con otro, su hijo ya ni lo reconocía como papá, y en su cabeza, todo era culpa de su “querida” sobrina.
A la sobrina no se atrevía a tocarla, pero a su buena hermana no pensaba perdonarle nada.
Julián encontró el departamentito de Yuria.
—Yuria, tú sí estás a gusto, escondida aquí como si nada.
Yuria frunció el ceño.
—¿A qué vienes?
Aunque lo dijo así, igual lo dejó pasar.
Pensó que su hermano venía porque ya sabía que ella estaba enferma, y por un segundo le nació esa fantasía de cariño familiar.
Pero lo siguiente le cayó como balde de agua helada.
—Yuria, por tu culpa ahora me están buscando para cobrarme por todos lados. No me importa, tú me tienes que arreglar la cuenta.
Yuria se apretó el pecho.
—¿Tú… tú cómo que debes dinero? En los años que estuviste en el hotel, ganaste bien. ¿Dónde está la plata?
Buena pregunta: ¿dónde estaba?
Desde que salió, primero invirtió en un bar y lo perdió todo.
Después quiso poner unas cabañas para turistas y también se fue al hoyo.
De por sí, su esposa le había quitado la mitad de los ahorros, luego perdió otra mitad, y lo poquito que le quedaba quiso “multiplicarlo” en la bolsa… y también se esfumó.
Vendió carro y casa, con la idea de irse a apostar a un lugar de casinos para recuperar. Se metió con prestamistas y ahora debía una fortuna. Los cobradores ya le tocaban la puerta. Hasta su único departamento estaba hipotecado. No tenía salida.
Fue a buscar a Lando, pero su hermano ni le abrió. Eso lo dejó helado por dentro.
Y al final terminó en casa de Yuria.
—¡Se perdió! ¡Todo se perdió! Debo diez millones al banco y cinco millones a prestamistas. Me lo das ahorita, o me van a quebrar los brazos.
—¡¿Tú estás loco?! ¿De dónde voy a sacar quince millones para ti?
A Julián le dio igual.
—Esta propiedad se puede empeñar por cinco. Y luego le pides diez a tu hija y a tu yerno, ¿no?
—Tu ex también tiene dinero. Yuria, no me digas que cuando te divorciaste te fuiste con las manos vacías.
Hablar del divorcio era como meterle un cuchillo en el pecho.
Sí, ella se fue sin nada. No tuvo cabeza ni fuerzas para pelear con Alejandro.
Además, cuando se divorciaron, Alejandro estaba contra la pared por haberse metido con Evaldo. Su empresa se estaba cayendo y él apenas se sostenía.
Por eso Yuria no peleó.
—No tengo dinero. Si no me crees, ve y pregúntale a Alejandro. ¿De verdad crees que te estoy mintiendo?
—Ajá —Julián se burló—. Entonces tu hija. No me digas que ella también está quebrada.
—Nos cortamos como familia, ¿no lo sabes? —Yuria ya no quiso ocultarlo—. Julián, tengo cáncer. Me quedan tres meses. Me presiones o no, da igual.
Al decirlo, Yuria tosió y escupió una bocanada de sangre frente a él.
Julián cambió la cara… pero como no sacó ni un peso, soltó un bufido con rabia.
Azotó la puerta al irse, y Yuria se tapó la cara y rompió en llanto.
Ese era el hermano que ella defendió tantos años. Por defenderlo, incluso le dio una cachetada a su hija.
Al final, esa cachetada… se la devolvió la vida.
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Después de firmar el contrato y recibir el adelanto de cuatro episodios, Sania quedó más que contenta.
Al final decidieron grabar en casa.
—Si sienten que es incómodo, pueden hacer como los demás y rentar un lugar. Así no les afecta su vida diaria —sugirió el equipo.
—No hace falta —Evaldo lo cortó—. Casas sobran. Grabamos y luego nos mudamos.
—Perfecto. Antes de la siguiente grabación, nosotros los contactamos.
Evaldo no olvidó confirmar:

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