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¡Oops! Casada con el chico equivocado romance Capítulo 328

Pero como se puso a “estudiar” cocina, Sania se vio obligada a empezar a trabajar desde casa.

Después de comer, salió al jardín a caminar para bajar la comida. Mientras paseaba, le marcó a su amiga.

—Qué aburrido, Taty. Siento que desde que estoy embarazada, todo lo que puedo hacer se volvió con mil cuidados.

—Oye, Sani, en la empresa abrimos un programa nuevo. Y yo soy subdirectora, ¿eh? El inversionista es amigo de tu esposo. Es un reality en vivo, de esos que van grabando la vida de mamás embarazadas que no son famosas. Escogieron puras mamás con buena situación, para mostrar el día a día del embarazo. También es por el tema de promover que ser mamá no es tan terrible, que aunque estés embarazada puedes vivir padre.

—¿Te animas? Tranquila, con los contactos de tu esposo no van a hacer cosas feas, ni recortes malintencionados, y nadie se va a atrever a atacarte.

A Sania le sonó bien, pero todavía le incomodaba que la gente la estuviera mirando.

—Se me hace rarísimo… mejor paso.

—También es cierto. En vivo siempre hay algo… pero si tú ni te metes a internet, ni ves los comentarios. No debería pasar nada. Ah, y pagan súper bien. Son ocho episodios. Para cuidar a las mamás, solo graban dos veces por semana. En dos meses lo terminan. Un episodio paga 200 mil…

—¿200 mil? —Sania se quedó helada—. O sea, ¿por un día de comer, dormir, y volver a comer, son 200 mil? ¿Y ocho episodios serían 1.6 millones?

Sania no necesitaba dinero, pero a nadie le estorba.

—Yo lo hago. ¿Cuándo firmo?

Tatiana estaba atónita.

—¿No que no te gustaba que te vieran?

—Tú eres la subdirectora. ¿Qué me va a dar pena? ¿A poco me vas a hacer algo? Además, ya con bebé, tengo que ganar para su leche.

Tatiana torció la boca.

—Sani, mejor pregúntale a tu esposo primero.

Ah, cierto. Se le había olvidado Evaldo.

-

Esa noche, Sania se puso a propósito una pijama de seda morada y se quedó esperando a que el hombre saliera del estudio cuando terminara su reunión.

Lo primero que vio Evaldo fueron sus piernas largas y derechas.

Su mirada se oscureció.

—Amor, ¿todavía no te duermes?

Sania le sonrió, pestañeando.

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