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¡Oops! Casada con el chico equivocado romance Capítulo 319

El vapor alrededor de Ramona todavía no se iba. El olor ligero del gel, como a té blanco, se quedaba pegado a su piel.

Ella estaba sentada al borde de la cama. Sus piernas rectas y blancas, todavía húmedas, estaban en las manos del hombre. A Ramona le dio pena y quiso echarse para atrás.

—No te muevas —la voz de Roque sonó más baja de lo normal.

Él se quedó de rodillas junto a la cama, y con el pulgar le acarició el tobillo, que ya se le estaba poniendo rojo e hinchado.

—Ay… —Ramona frunció el ceño del dolor.

—Aguanta tantito —dijo Roque.

Se dio la vuelta y salió. Regresó rápido con un botiquín.

Abrió un frasco de aceite medicinal, se lo echó en la palma y se lo frotó entre las manos hasta calentarlo. Luego envolvió con cuidado el tobillo de ella.

A Ramona le temblaron las pestañas. El olor del aceite le llenó la nariz, mezclado con el de su gel. No era tan desagradable.

Roque masajeó con una concentración total. El calor de sus manos se le metía por la piel.

Del tobillo al arco del pie, la fuerza era exacta. Cuando el pulgar rozaba por accidente la planta, le daba un cosquilleo leve, y Ramona tenía que morderse el labio para no apartarse.

Sentía que era demasiado vergonzoso. Se le encendieron las mejillas; solo quería que se acabara.

Poco a poco, con el masaje repetido, el dolor fue cediendo y lo reemplazó una sensación tibia, adormecida.

—Ya… ya está bien —lo rechazó con suavidad.

De su cabello goteando, una gota cayó justo en la mano de Roque.

Él se quedó quieto y levantó la vista.

Detrás de los lentes, sus ojos se veían profundos. A Ramona le pareció que esa profundidad traía algo más, una intención que la inquietó.

Luego Roque, con calma, se quitó los lentes, y la sombra de su cuerpo cayó sobre ella.

Cuando le tomó los labios, Ramona se quedó sin entender nada.

Roque seguía de rodillas; una mano apoyada en el colchón y la otra levantándole el mentón.

Al principio fue suave, como probando.

Hasta que, al final, entró sin darle espacio a negarse.

Ramona sintió que todo le daba vueltas, como si no se hubiera torcido el tobillo, sino el mundo entero.

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