Jacob vio el titular y se rio hasta que le dolió la panza.
—Evaldo, ¿de verdad tienes que ser tan maldito?
Evaldo sonrió de lado.
—Ni modo. Ya es fama que soy bien rencoroso. ¿Para qué viene a buscarme?
Su paciencia tenía límite. Si Marco volvía a provocarlo así, la próxima no iba a ser solo una “leccioncita”.
Jacob apretó los labios con cara de “mejor ni me meto”.
—Oye, ¿no puedes hacer que Sandro se calme tantito?
Ellos ya no aguantaban.
Estos días Sandro se la pasaba yendo de casa en casa; no le bastó con llamar para dar la noticia, tenía que ir en persona.
El que no supiera, pensaría que mañana mismo iban a hacer fiesta de bienvenida del bebé.
Evaldo sonrió apenas, como si le diera igual.
—No se puede. Es su segundo nieto en la familia, es normal que ande emocionado.
—Pero a ver, Jacob… lo de que tú eres pasivo, ¿tu familia ya lo sabe?
Jacob: carajo.
Le sobraba haber preguntado.
—Ya me voy. Tú quédate comiendo solo —dijo, pateó una silla y salió mentando madres.
Varios se quedaron con la duda.
—¿Qué diablos? ¿Cómo que Jacob sería pasivo?
Evaldo entendía todo, pero solo sonrió sin decir nada.
Pronto ese círculo iba a tener otro chisme nuevo, para que él y su esposa se sentaran a ver el show.
-
Últimamente Sania no estaba atendiendo mucho la empresa. Había un subdirector general encargado de los asuntos del día a día.
Si había decisiones importantes, hacían reuniones en línea.
Sania le pidió a Ramona que ayudara a vigilar un poco la empresa.
La capacidad de Ramona no se discutía; ella sonrió y aceptó.
—Mamá, ¿hoy sí vas a ir por mí a la salida? —Iván la miró con ilusión.
Ramona negó con la cabeza.
—Perdón, Iván. Hoy en la noche tengo algo que resolver. ¿Mañana, sí?
Ese día tenía cita con el detective.
El tipo llevaba casi un mes dando largas, y por fin dijo que tenía avances. Ramona tenía que ir en persona.
Pero cuando llegó al salón de té, no vio al detective privado que había contratado. En cambio, quien estaba ahí era… León.
León sonrió con amabilidad, aunque detrás de esa sonrisa se asomaba algo venenoso.
—Je. ¿La Sra. Camoso no se esperaba que fuera yo?
—Siéntate. Quién diría que después de tantos años, venías a investigarme.
A Ramona se le encogieron un poco los ojos. Sin hacer escándalo, se sentó.
—¿Y qué? ¿Lo que hiciste en ese entonces no se puede revisar?
Su prueba fue tranquila, pero el hombre solo sonrió.
—No me tantees. Sé que perdiste la memoria. Me investigas porque quieres saber lo de antes con Roque.
—No pierdas el tiempo. Lo nuestro siempre fue un trato limpio, de mutuo acuerdo. Si me investigas para ir a decirle algo a Roque, es como prenderte fuego tú sola.

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