—¿Sí? Bueno… entonces está bien. Mamá, yo te ayudo a bajar a cenar.
Por suerte, después de la cena Roque volvió a su forma de siempre: todo un caballero. Durmieron cada quien de su lado, sin pasarse ni un paso.
-
Ramona empezó a tener pesadillas cada vez más seguido. Cuando se despertaba, volvía a la realidad más rápido, tan rápido que ni siquiera despertaba a Roque.
Ella necesitaba saber qué había pasado con sus padres: si fue un choque o si fue enfermedad. Para ella era demasiado importante.
Y con detectives privados, era claro que no iba a sacar nada útil.
Así que al día siguiente, al ir a trabajar, por primera vez tocó la puerta de la oficina de Sania por un asunto personal.
Sania se sorprendió.
—Ramona, ¿vienes a hablar conmigo de algo personal?
—Sí. Quiero pedirte un favor, pero ¿me prometes que no se lo vas a decir a esos dos hermanos?
Sania dudó. Conociendo a Ramona, si no estuviera acorralada no vendría a pedirle nada.
—Está bien.
Ramona sonrió, agradecida.
—Sani, la verdad… yo perdí la memoria. Mis papás de ahora solo son mi tío y mi tía. Yo quiero saber qué pasó con mis papás antes de que me llevaran al extranjero.
—Solo me dijeron que mi papá murió en un accidente. ¿Puedes ayudarme a investigar?
—Contraté detectives privados, pero no salió nada.
Sania primero se quedó pasmada: no se imaginó que Ramona hubiera perdido la memoria. Luego lo entendió.
Ella no quería que Roque se enterara.
—Está bien. Los contactos que puedo mover me los dio Evaldo. No te puedo garantizar que él no se entere, pero voy a hacer todo lo posible por cubrirte.
—Gracias.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Oops! Casada con el chico equivocado