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¡Oops! Casada con el chico equivocado romance Capítulo 314

En el hotel, Evaldo bajó la cabeza y le besó suave la comisura de los labios.

—¿Viniste porque ya no aguantabas las ganas de decirme esta noticia?

Sania negó… y luego asintió.

Él se rio.

—¿Entonces qué fue?

Sania lo miró, tan cerca, y no pudo evitar devolverle un beso en la mejilla.

—Te lo digo, pero no te enojes. Hoy Marco vino a verme. Me trajo unos papeles.

—Había unos audios… y una foto tuya conmigo cuando yo estaba en primaria. Entonces, Evaldo… ¿te gusté desde ese tiempo?

En esos ojos húmedos brillaba una luz pequeñita.

¿Se podía querer a alguien desde tan chica? Sania lo preguntó sin rodeos, insegura.

La mirada de Evaldo se hundió. En su cabeza, Marco quedó marcado.

—Gracias por confiar en mí y darme chance de explicarte. ¿Te acuerdas una vez que unos tipos te acorralaron en el callejón atrás de tu escuela? Traías uniforme, estabas flaquita… y sacaste una pluma de tu mochila.

—Los amenazaste: si se pasaban de la raya, tú tampoco te ibas a quedar quieta.

Evaldo, en esa edad, no soportaba a nadie. Ni a su hermano mayor ni a su papá.

La escuela se le hacía fácil.

La empresa le daba igual.

La universidad tampoco le emocionaba.

Pero esa tarde… esa cara roja bajo el atardecer, no sabía si por el sol o por el miedo… y aun así, plantada.

Él, que normalmente no se metía en nada, terminó llamando a la policía.

Sania se metió en el recuerdo y se le iluminó la mirada.

—¡Ese día fuiste tú el que llamó!

—Sí. Así que nuestra primera vez… fue ese día.

Evaldo sonrió apenas y siguió, como si lo hubiera guardado años.

—Desde entonces, como que siempre te veía en momentos feos.

—Te vi llorando en el patio con unas partituras rotas en la mano… y luego, como si nada, posando para una foto con nosotros.

—Supe que vivías con tus abuelos, que tenías mamá… pero que parecía más una madrastra.

—Supe que te gustaba el piano, que pasabas frente a las tiendas de música y te quedabas pegada, como si se te olvidara caminar.

Evaldo se rio de sí mismo.

—Ah, y también supe que te parabas en la reja de la prepa para espiar a cierto tipo.

A Sania le dio pena. En esa época ella era seis generaciones menor; sí, había tenido la tontería de enamorarse de Marco e iba a buscar “señales” de él en esa escuela.

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