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¡Oops! Casada con el chico equivocado romance Capítulo 312

Al salir de la cafetería, Sania se quedó sentada un buen rato dentro de su carro.

Sentía la cabeza dando vueltas, y en ese estado ya no era seguro manejar.

Sania llamó de inmediato a Tatiana Casas.

—Sani, no me asustes. Vámonos al hospital, ahorita mismo.

Cuando llegaron al hospital, Tatiana le sacó turno de urgencias a Sania.

Análisis, extracción de sangre. Y luego, esperar en silencio durante treinta minutos.

Cuando salieron los resultados, el médico de urgencias las miró a las dos con una expresión rara.

—¿De verdad esto era para urgencias?

—Ustedes los jóvenes… por cualquier cosa se vienen a urgencias. ¿No pueden dejar urgencias para quien sí lo necesita?

Tatiana se encendió.

—Doctor, ¿cómo puede hablar así? Mi amiga no está desangrándose, sí, pero ahorita se siente mareada. ¿Cómo que no puede venir a urgencias?

El médico se quedó mudo un segundo y le echó una mirada a Tatiana.

—¿Y si está mareada por anemia? A ver… ¿hoy en la mañana no desayunaste?

Sania lo pensó y asintió.

Había leído en internet que ir en ayunas a la iglesia “pegaba” más, así que no había comido nada.

—Pues ahí está. Una embarazada que no desayuna, ¿cómo no va a marearse por anemia?

Sania y Tatiana se quedaron atónitas.

—Espere, doctor… ¿está diciendo que ella está embarazada? —Tatiana casi gritó.

Sania tampoco se lo podía creer.

¿Así de “milagroso”? ¿Si apenas había ido a la iglesia en la mañana, y ya estaba embarazada?

Se le revolvieron las emociones: por un lado tenía que tragarse todo lo que Marco la había manchado; por el otro, le explotaba una alegría enorme al saber que venía un bebé.

A Sania se le humedeció la nariz.

—Doctor… ¿es verdad? ¿Tengo un bebé? ¿Voy a ser mamá?

El médico entendió que había sido un malentendido.

—¿O sea que tú ni sabías? Por los resultados, debe ser un embarazo muy reciente, como de unas cuatro semanas. Lo más seguro es que en consulta externa saques cita con ginecología para que te orienten bien.

—Felicidades. Sí, vas a ser mamá.

A Sania se le pusieron los ojos rojos.

Qué bonito… iba a ser mamá.

Pero…

Tatiana, emocionadísima, ya en la sala de consulta externa, le preguntó:

—Sani, ¿y tu esposo? ¡Márcale ya para que venga al hospital y te acompañe a checarte!

—Está de viaje por trabajo.

Sania, la verdad, necesitaba digerir todo lo que Marco había dicho. Fuera verdad o mentira, quería pensar sola, en paz.

Así que le alivió que Evaldo estuviera fuera.

Tatiana pareció notar que algo no andaba bien.

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