La madre de Ramona, Teodora, suavizó el ambiente. —Roque, no te lo tomes a mal. Es que Lionel y Ramona se quieren mucho.
—Sí, no se preocupe. No me lo tomo a mal.
Cuando terminó el medio día, por fin se acabó esa boda sencilla.
Ramona estaba viendo el celular cuando le llegó un mensaje de un número desconocido, en blanco.
No le dio importancia y lo borró.
León se quedó en el carro, se fumó un cigarro, y recién entonces le dijo al chofer que arrancara.
Después de tantas vueltas, al final habían vuelto a estar juntos.
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Después de la boda, pronto llegó el día de la reunión familiar.
Iván llevaba un trajecito bordado, con dibujos en el pecho, precioso. Encima se puso un gorrito rojo, y Sania Belte con Ramona casi se derritieron de ternura.
—Iván, estás demasiado lindo.
Sania le entregó su regalo. —Toma, esto es para ti. ¡Para que te compres algo rico!
Iván tocó la bolita del gorro. —Gracias. ¡Te deseo que estés feliz todos los días y que tú y Evaldo tengan un bebé pronto!
Evaldo se rio. —Iván, dilo bien: que sea niña. ¡Y el regalo también es tuyo!
Iván entendió al instante. —Je, je… ¡les deseo a Evaldo y a Sania que tengan una niña pronto!
—¡Evaldo, dame el regalo!
Evaldo se lo puso en la manita gordita sin pensarlo.
Ramona también le preparó un regalo. Ese traje era algo que ella misma mandó a hacer con Iván. —Iván, ¡este es mi regalo para ti!
Iván corrió con sus piernitas cortas hasta Ramona. —Sra. Ramona… ¿puedo decirte mami?
Con las mejillas rojas, la miró ilusionado.
Ese deseo lo traía guardado desde hacía mucho.
A Ramona se le humedecieron los ojos. —Claro que sí.
—Je, je… ¡gracias por el regalo, mamá!

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