La pantalla de la laptop dejaba un brillo frío sobre el cuaderno, lleno de números y datos apretados.
—No molestes, de verdad estoy ocupada.
—¿Necesitas ayuda? —preguntó Evaldo con una sonrisa.
—No. ¡Ya vete a dormir! —Sania se levantó, empujó al hombre hacia fuera del estudio y, de paso, cerró con llave.
Evaldo se quedó sin palabras. Bueno… hoy no iba a tocar “carne”.
Sania ordenó las ventajas de su empresa y también los estados financieros de los últimos tres años.
Con las otras dos opciones había hablado bastante bien, pero ninguna podía darle tanto respaldo en el monto.
Así que Sania quiso intentarlo una vez más.
Ella y Marco habían terminado desde hace mucho. Pilar no tendría por qué tenerle mala fe.
Y si Pilar no servía… ¿qué tal su hermano mayor, Gonzalo Cepeda?
Gonzalo tenía buena reputación en el medio; quizá no sería tan impulsivo como Pilar.
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Al día siguiente, Sania coordinó una cita con la secretaria de Gonzalo.
Todo salió muy fluido, y a Gonzalo le gustó bastante el potencial de Luminosa.
—Sra. Belte, en su momento hablaré con mi hermana. Después, para el tema del contrato, usted se coordina con ella.
—De acuerdo, muchas gracias.
Tras un apretón de manos breve, Sania entró al elevador.
Pilar alcanzó a ver la silueta de Sania a lo lejos. Caminó rápido hasta donde estaba Gonzalo.
—Gonzalo, ¿la que acabas de ver no era Sania?
Gonzalo miró a su hermana con calma.
—Sí, era ella. ¿Hay algún problema?
—El crecimiento de Luminosa pinta bien. Además, ¿tú sabes que Sania es la nuera de la familia Camoso? Trabajar con ellos nos conviene. De aquí en adelante tú te encargas de coordinar con ella.
—Gonzalo, yo no quiero.
Gonzalo no entendió.
—¿Es por Marco?

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