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¡Oops! Casada con el chico equivocado romance Capítulo 256

—Eh, no te vayas —Evaldo le agarró la muñeca.

Sania mostró un poco de fastidio.

—No empieces. Mañana es la boda, tengo que levantarme temprano.

—No estoy jugando —dijo él con calma, con la voz un poco más baja de lo normal.

—Mañana va a haber demasiada gente: los que hacen relajo, los que van por chisme, los que van a felicitar… pero hay cosas que quiero decirte solo a ti.

—¿O sea que esto es como un ensayo?

En sus ojos se le dibujó una sonrisa suave. Sus dedos siguieron la muñeca de ella, le levantó la mano con cuidado y la miró con una ternura que la dejó quieta. Luego se arrodilló sobre una rodilla.

—He esperado este día por mucho tiempo. Quiero que todo el mundo sepa que tú eres mi esposa, que mi esposa se llama Sania.

—Tú eres la persona que más amo.

—Así que… —metió la mano al bolsillo, sacó una cajita cuadrada de terciopelo rojo, y en la mirada se le notaba un cariño tan intenso que parecía imposible de esconder—. Sania, ¿te quieres casar conmigo?

A Sania se le humedecieron los ojos sin aviso. Miró el anillo y luego, despacio, subió la vista hasta su cara.

Asintió con fuerza.

—Sí, me quiero casar contigo.

Evaldo le puso el anillo en el dedo anular, se levantó y le secó con el pulgar la esquina mojada de los ojos.

—Listo, se acabó el ensayo. Devuélveme el anillo, mañana te lo doy otra vez.

Sania se quedó sin palabras.

-

Sania, con el velo puesto y el ramo en las manos, estaba sentada en la cama esperando a que Evaldo llegara por ella.

Tatiana se había quebrado la cabeza toda la noche con juegos para hacerlo sufrir un poquito.

—Sani, al rato tú me haces caso. Me inventé un montón de juegos para poner a prueba a tu marido.

—Con que juguemos un par ya estuvo.

—¿Cómo que ya estuvo? Si no lo hacemos batallar tantito, va a creer que casarse contigo fue pan comido.

De pronto, desde afuera se escucharon pasos apurados, golpes fuertes en la puerta y luego la voz de un hombre, con sonrisa en el tono:

—Amor, soy yo. Ábreme.

—Vengo por ti, ya es hora de llevarte a casa.

Tatiana y varias amigas se plantaron frente a la puerta.

—Eso no. Primero queremos ver la “actitud”.

—Revisa el celular.

Tatiana tenía un grupo con las damas y los padrinos.

En la pantalla apareció una transferencia naranja con 99999. Tatiana dudó.

Se aclaró la garganta.

—Espérate, déjame preguntarle a Sani.

—Sani dice que esto no puede ser solo para mí. ¿Hay más?

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