Cuando Sania volvió a la empresa, vio que Ramona Jaramillo ya estaba trabajando.
Como al día siguiente ella salía de vacaciones y pasado era la boda, por preocupación la llamó a su oficina.
—¿Tu papá está bien?
Ramona negó con la cabeza.
—Gracias, Sra. Belte. Mi padre está bien.
—Ramona, en privado seguimos siendo amigas. Esto te lo pregunto como amiga, no como jefa.
Ramona sonrió con gratitud.
—Gracias.
Sania dudó un poco.
—¿Ya viste a Catalina?
Ramona asintió.
—Sí. Es muy profesional.
Tan profesional que, en nada, había encontrado exactamente dónde le dolía.
Y ahora Ramona estaba tan confundida que no sabía ni qué decir.
¿Con quién se desahogaba?
¿Con Sania?
Sania estaba a punto de casarse. Ramona no quería cargarla con sus problemas.
—Sani, felicidades… que seas muy feliz. Creo que a la boda no voy a ir.
Sania alzó un poco las cejas. Por lógica, Ramona debería ir como novia de Roque.
Pero no preguntó de más.
—No pasa nada. Descansa bien, no tienes que venir tan rápido. Si hay algo urgente, lo vemos en línea.
—Gracias. Estoy bien —dijo Ramona, fingiendo firmeza.
En realidad, solo quería obligarse a estar ocupada, para no quedarse sola con la cabeza.
Sania no insistió. La dejó ir a trabajar.
—
El día antes de la boda, Sania estaba en casa, disfrutando de su día de belleza y manicure.
Tatiana Casas también traía una mascarilla gruesa en la cara.
—Sani, qué rápido… ya mañana es tu boda con tu esposo.
Sania suspiró.
—Sí. De verdad se fue volando.
Como si la pelea definitiva con Marco hubiera sido ayer.
Tatiana se rio bajito.
—Marco últimamente fuma como loco. Se arrepiente hasta el alma… y a mí me da una felicidad.
—Taty, yo me le declaré a Evaldo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: ¡Oops! Casada con el chico equivocado