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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 947

Valerio no se inmutó lo más mínimo ante las quejas llenas de dolor de Lorena. Su respuesta fue impasible.

—Penélope y Joaquín Milán no fueron enviados a prisión por Erika. Fui yo. Así que ahórrate el acto de niña desamparada; todas tus fechorías ya acabaron con cualquier pizca de piedad que pudiera tenerte. Pero, eso sí, vas a pagar por cada cosa que hiciste.

Justo en ese momento, se escucharon pasos apresurados que rompían el silencio desde la oscuridad. Lorena ya no tenía fuerzas ni para intentar huir. Siguió tirada en el suelo, mirando a Valerio desde abajo. Cuando las siluetas llegaron fuera del quiosco, Lorena sollozó.

—Valerio, después de todos estos años... ¿de verdad no sientes ni un poco de afecto por mí? ¿Estás tan decidido a destruirme?

Valerio encendió un cigarrillo con parsimonia, y su voz cortó el aire como navaja.

—Mi familia y yo te mostramos gratitud porque creíamos que me habías salvado la vida. Y solo por eso te tratamos con respeto, a ti y a los tuyos. Pero aparte de eso, nunca hubo nada más. A estas alturas, tú misma deberías sentir asco de la persona en la que te has convertido.

Dicho eso, Valerio hizo un gesto limpio y cortante con la mano, sin mostrar un ápice de duda.

Dos guardaespaldas corpulentos y con rostros de piedra entraron de inmediato al quiosco.

Al escuchar los pasos acercarse, Lorena ya había deslizado la mano dentro de su bolso, buscando algo a ciegas.

Al ver que iban por ella, una chispa de derrota total brilló en sus ojos. Rápidamente se dio la vuelta y se llevó algo a la boca. Apenas había bajado la mano cuando los guardaespaldas la agarraron, uno de cada brazo, y la levantaron para llevársela.

—¡Valerio Ramírez! —gritó Lorena, desgarrándose la garganta mientras se retorcía—. Sé que no me perdonarás. ¿De verdad creíste que vine hoy a confesar mis pecados? ¡Escúchame bien! ¡Ya no quiero vivir más! Solo quería verte una última vez... porque yo... yo ya me tomé el veneno...

Apenas logró balbucear esas últimas palabras antes de detenerse abruptamente. Comenzó a tener arcadas violentas y un líquido oscuro brotó a chorros de su boca. Tras vaciar el estómago, se desmayó por completo.

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