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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 945

Liberada bruscamente, Lorena cayó y comenzó a toser de manera violenta.

Su cuerpo temblaba con cada espasmo, como una hoja seca a punto de desprenderse en medio de una tormenta. Le tomó un buen rato poder estabilizar su respiración.

Sin embargo, como si fuera completamente inmune al evidente desprecio de Valerio, se abalanzó hacia adelante de repente, abrazándolo por la cintura con la desesperación de alguien que se ahoga y se aferra a un tronco.

—¡Valerio, sabía que no serías capaz de dejarme morir, Valerio...!

Hablaba de forma incoherente, pero antes de que pudiera terminar, Valerio la empujó con brusquedad, sin una gota de piedad.

Lorena perdió el equilibrio, trastabilló un par de veces y terminó cayendo pesadamente al suelo.

Se raspó las palmas de las manos y un dolor punzante le atravesó las rodillas, pero ella parecía no sentirlo. Simplemente se quedó mirando a Valerio con los ojos llenos de dolor y traición.

—¡Lorena Jiménez! Las dos veces que le enviaron esos muñecos malditos a Erika, ¿qué pretendías? Cuando usaste el teléfono de Martina para engañar a Erika y llevarla al hotel, ¿qué buscabas? Y la primera vez, cuando le pagaste a Yara Cervantes para que dejara a Erika atrapada en aquel pueblo, ¿qué diablos estabas pensando?

A medida que Valerio enumeraba cada uno de esos incidentes, una rabia sofocante se acumulaba en su pecho. La miró con los ojos muy abiertos, exigiendo respuestas con severidad.

Sentada en el suelo, Lorena se estremeció al escuchar sus palabras. Con la voz destrozada, gritó.

—¡No, Valerio! ¡Yo no hice esas cosas! ¡No fui yo!

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