Erika la escuchó y asintió con una sonrisa.
—Opino exactamente lo mismo.
Martina miró a Erika de reojo un par de veces antes de darle un leve empujón con el codo.
—¿De verdad opinas lo mismo? Porque yo siento que los sentimientos de Valerio por ti son bastante sinceros. Si te pones a pensar en todo lo que ha pasado estos últimos días...
Erika fingió molestia y la fulminó con la mirada.
—¿Y tú desde cuándo cambiaste de bando y te pusiste de su lado? Antes no decías eso.
Martina se rió nerviosa y se rascó la cabeza.
—Bueno... es que ahora técnicamente es mi jefe.
—¡Qué interesada resultaste! —exclamó Erika mientras comenzaba a hacerle cosquillas a Martina. Ambas estallaron en un ataque de risa.
—¡Ya, ya, me rindo! —suplicó Martina, riendo a carcajadas mientras intentaba esquivarla. Cuando ambas lograron calmarse, Martina se aclaró la garganta y adoptó un tono serio—. Eri, tengo que hablar contigo de algo importante.
—Dime —respondió Erika, dejando de reír y mirándola con atención.
Martina habló despacio:
—Es seguro que Valerio ya está buscando a Lorena por cielo, mar y tierra. Tú ya no te pongas en contacto con Vanesa. Ahora mismo no tenemos ni idea de a quién le es leal. Como no quisiste seguir mi consejo de fingir que volvías con Valerio, por el momento solo nos queda esperar. Además, tener guardaespaldas pegados a ti todo el día te da un toque bastante imponente.
Erika sonrió con resignación y asintió.
Martina se levantó lentamente de la silla.
—Bueno, tengo que irme a la oficina. Al mediodía me voy a ver con Raquel, así que espérate a que te traiga buenas noticias.
—Le diré al chofer que te lleve. —Erika se levantó también, mirándola con curiosidad—. Marti, ¿para qué la citaste?
—Para charlar un rato, a ver qué le saco —respondió Martina con una sonrisa pícara.

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