—¿Yo qué? Ya te di la pista más que clara. ¿Acaso no puedes pensar por ti misma cómo hacer el trabajo sucio? —Tania levantó una ceja, mirando a Lorena con arrogancia.
Al ver que Lorena se quedaba pasmada, Tania se acercó un poco más a ella y bajó la voz a propósito, con un tono profundo y lleno de insinuaciones:
—Obviamente tienes que darle el dinero. Pero... si ella tiene la suerte suficiente para salir con vida y disfrutarlo, eso ya es otra historia. Bueno, es todo lo que puedo decirte. A buen entendedor, pocas palabras. El resto tendrás que deducirlo solita.
Dicho esto, en los labios de Tania se dibujó una leve sonrisa, mezcla de astucia y presunción. Luego, meneando su esbelta figura, subió las escaleras a paso lento mientras reprimía un bostezo.
Lorena se dejó caer lentamente en el sofá, con el ceño muy fruncido, inmersa en sus pensamientos. En ese instante, Camilo se acercó con paso firme, se sentó en el sofá frente a ella y comentó con tono casual:
—Tania tiene razón. El problema es... ¿ya descubriste qué hacer? Si te faltan manos, puedo prestarte a unos cuantos hombres para que te hagan el trabajo de forma rápida y limpia.
Lorena escuchó que ambos coincidían. Lo meditó durante un largo rato, con un sinfín de ideas y escenarios cruzando por su mente. Hasta que, de repente, sus ojos se iluminaron. Levantó la mirada, le dedicó una leve sonrisa a Camilo y le dijo:
—Gracias.
Sin más, tomó su bolso rápidamente, se levantó y se dirigió hacia la puerta.
....................
Al día siguiente.
Martina se despertó poco a poco, frotándose la cabeza dolorida. Se incorporó a medias para observar la lujosa habitación y sintió un vuelco en el corazón.
Cuando vio el vaso en la mesa de noche y analizó el estilo de la decoración, soltó un suspiro de alivio. Ese era exactamente el gusto de Erika, así que lo más probable era que se encontrara en alguna de las habitaciones de la Villa Luna Blanca.
Martina volvió a recostarse, sintiéndose más tranquila. Intentó hacer memoria sobre lo que había pasado la noche anterior, pero solo logró recordar fragmentos sueltos y confusos. Suspiró suavemente, llena de dudas.
Tras quedarse en cama un rato más, se levantó, se arregló y salió de la habitación.
Apenas llegó al pie de las escaleras, una empleada se acercó apresurada. Con una sonrisa respetuosa y una ligera inclinación, le dijo:

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