Mientras Erika dudaba sobre qué hacer, escuchó a Martina decir:
—No vengas, tengo una cena de negocios esta noche.
Martina hablaba con voz tranquila, como si lo que acababa de descubrir no le hubiera afectado en lo más mínimo.
Erika frunció el ceño, preguntando con evidente preocupación:
—¿Es una cena muy importante? ¿No puedes cancelarla? Te acompaño de compras, o podemos ir a comer algo rico.
Tras un breve silencio, Martina respondió:
—Es por la competencia de talentos de la otra vez. DC Entretenimiento firmó a dos jóvenes y quedamos en cenar juntos para celebrar. Como gerente general, tengo que evaluar tanto a los chicos como a su representante.
—Ya veo... —la voz de Erika delataba su inquietud—. Entonces... ¿cómo te sientes? ¿No quieres que el vicepresidente vaya en tu lugar?
—Eri, estoy bien —Martina se recargó en su silla y soltó un ligero suspiro—. De hecho, últimamente me había estado replanteando mi relación con Julián. Si me preguntaras si de verdad lo amo, no sabría qué decirte. Ahora esto me lo dejó muy claro, me hizo tomar una decisión drástica. Pero una cosa es terminar, y otra muy distinta es que se las deje pasar fácil a ese par. No te preocupes, no voy a hacer nada ilegal.
Erika suspiró también y le aconsejó:
—Está bien. Pero por favor, no tomes demasiado esta noche. Si te sientes triste, llámame. Y... lo que decidas hacer, yo te ayudaré.
—De acuerdo, no te preocupes por esta adicta al trabajo. Mejor ve a casa a cuidar a tus adorables pequeños.
Tras colgar, Martina frunció el ceño y enseguida marcó el número de Julián. Contestaron rápidamente, y ella, con un tono de lo más casual, preguntó:
—Julián, hoy que descansaste, ¿no te habrás quedado durmiendo todo el día, verdad?
—No, salí un rato. ¿Ya saliste del trabajo? ¿Quieres que pase por ti para ir a cenar?
Al escuchar a Julián hablarle con tanta normalidad y cariño, Martina sintió una punzada en el pecho. Siempre lo vio como alguien eficiente en el trabajo, pero nunca imaginó que fuera tan cínico y calculador.

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