Al darse cuenta de que la persona que estaba molestando a Amelia era Tania Quiroz, Erika le explicó rápidamente de quién se trataba.
Los ojos de Amelia se abrieron de par en par, llenos de sorpresa.
—¡Con que ella es la que fue al estudio ese día que yo no estaba! ¡Entonces solo vino a buscarte problemas! Vas a ver cómo la pongo en su lugar ahorita mismo.
Amelia se mordió el labio y apretó los puños, dispuesta a lanzarse a la pelea.
Erika le dio unas palmaditas en el hombro, mirándola con ternura y una sonrisa serena.
—De verdad que tienes el mismo temperamento que Marti. Pero tranquila, no te precipites. Vamos a ver cómo se desarrollan las cosas. Estando nosotras dos aquí, no vamos a dejar que te humillen. Vamos a ver si de verdad logra que Valerio venga.
Martina, con los brazos cruzados y el ceño fruncido, fulminaba con la mirada a Tania, que seguía hablando por teléfono.
—Totalmente de acuerdo —apoyó Martina, asintiendo con fuerza—. Estas lagartonas salen hasta por debajo de las piedras. Eri, ya no le pases ni una a este tipo de gente. Déjala que se luzca un rato, que ahorita le vamos a callar la boca.
Sin decir más, Martina se giró de golpe hacia la vendedora y la clavó con una mirada fulminante.
—¡A ver, dámelo para acá! —exclamó Martina, arrebatándole el abrigo a la empleada con un movimiento rápido y certero—. Vendedora lambiscona, a ver si abres los ojos. ¿No ves las noticias? Tu jefe supremo tiene esposa y tiene hijos.
Le entregó el abrigo a Amelia y añadió en voz alta, asegurándose de que todos escucharan:
—Esa tipa de allá es la otra, una simple robamaridos. No te dejes engañar por sus cuentos.
La vendedora quedó paralizada ante la furia de Martina. Se quedó de piedra, sin atreverse a mover un músculo.
Al escuchar que la supuesta novia era en realidad la amante, el miedo comenzó a apoderarse de ella.
Tragó saliva y balbuceó, asustada.

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