Tania miró a la vendedora con profundo desdén y soltó una carcajada seca.
—¿Sabes con quién estás hablando para atreverte a defenderla? Te lo voy a dejar muy claro: soy la novia de Valerio Ramírez.
Mientras hablaba, Tania sacó su teléfono con aire de grandeza, abrió la galería y le plantó una foto en la cara a la empleada.
—Mira bien. Aquí estoy cenando con la señora Ramírez y el mismísimo señor Ramírez. ¡Más te vale no ofenderme si quieres conservar tu trabajo!
Al ver la pantalla, la vendedora abrió los ojos de par en par. La sorpresa inicial en su rostro fue reemplazada de inmediato por una sonrisa cargada de adulación.
—¡Ay, por Dios! Usted es la novia del señor Ramírez... Qué falta de respeto la mía. De haber sabido quién era, la habría atendido como se merece desde el primer segundo —dijo la empleada, deshaciéndose en disculpas.
Su mente trabajaba a mil por hora intentando arreglar su error. ¿Cómo iba a imaginar que esa clienta era íntima del dueño? Si hubiera seguido defendiendo a la otra chica, la habrían despedido sin dudarlo.
En un parpadeo, la actitud de la vendedora cambió radicalmente. Se inclinó ligeramente hacia adelante, casi como si Tania fuera su jefa directa, mirándola con total sumisión.
Los clientes que observaban la escena no pudieron ocultar su asombro y los murmullos no se hicieron esperar.
—No lo puedo creer, es la novia del señor Ramírez... Qué nivel.
—¿Viste cómo cambió la cara de la vendedora? El dinero y el poder lo pueden todo.
—Se ve súper arrogante, pero bueno, si Valerio Ramírez es su respaldo, tiene con qué. Si yo fuera ella, también andaría por las nubes.

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