Le entregó el teléfono a Sebastián con una sonrisa triunfal en el rostro.
—Mira, lo conseguí.
Sebastián tomó el aparato y revisó las fotos.
—Bueno, ya vámonos. No te metas en más líos —dijo Sebastián, con un tono que denotaba cansancio.
Luciana agitó la mano para restarle importancia.
—Espera un poco más. Apuesto a que ahorita se van a ir a jugar juntos, hay que ver si captamos una escena comprometedora.
Sebastián frunció el ceño, dejando ver su evidente molestia.
—¸Todavía quieres causar más problemas? Vámonos ya, ¿qué pasa si nos descubren?
A Luciana no le importó y frunció los labios con rebeldía.
—¿A qué le tienes miedo? Ni siquiera saben que los estamos grabando. Además, si logramos captar algo más jugoso, nos podría servir de mucho en el futuro.
Al ver la terquedad de su novia, Sebastián sentía que la irritación lo invadía.
Sabía que Luciana solía ser caprichosa, pero no imaginó que fuera tan inconsciente del peligro.
—No te pases de la raya. Solo están sentados platicando, no están haciendo nada malo.
Luciana bufó, ofendida.
—¿Y si yo estuviera así con otro hombre? ¿Quién se cree que es Valerio Ramírez? ¸Acaso él toleraría ver a su esposa actuando así en póblico? Simplemente no soporto que se salga con la suya.
Dicho esto, Luciana volvió a usar su tono meloso.
—Mi amor, te juro que no te causaré problemas, ¿sí?
Sebastián la miró mientras ella se acurrucaba tiernamente contra su hombro.
—Ya verás cómo te castigo en la noche —le advirtió en voz baja.
Luciana bajó el tono de voz, haciéndose la inocente.
—Ay, mi amor, como si no lo hicieras cada fin de semana.

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