Se tomó un momento para serenarse. Al final del día, lo hacía por la seguridad de los niños, así que le respondió.
«De acuerdo. Los esperaré esta noche.»
Apenas envió el mensaje, Valerio contestó al instante.
«Tú descansa. Yo iré personalmente a supervisar todo.»
Erika decidió no responder más. El silencio del lugar hizo que su mente regresara a los eventos del día anterior, llenándola de una sensación de inquietud.
En ese momento, Amelia Chávez llamó suavemente a la puerta antes de entrar a paso ligero. Se acercó a Erika y le murmuró.
—Jefa, don Marcos y su esposa están abajo. Me imagino que vienen a rogar por Yolanda. Les dije que no estabas, pero se niegan a irse. Están sentados en la recepción, esperando. ¿Qué hacemos?
Erika frunció el ceño. En el fondo, sabía que Marcos y Jimena terminarían buscándola.
Lo que sí le resultaba revelador era que ni un solo miembro de la familia Romero se hubiera molestado en aparecer para abogar por Yolanda.
Considerando lo mucho que la mimaban y decían adorarla, uno esperaría que estuvieran haciendo fila para suplicar por ella.
Pero no había ni rastro de ellos. Se ve que todo ese "amor incondicional" era de cristal.
Erika respiró profundo, recomponiendo su expresión fría.
—Déjalos que esperen. No hay forma en el universo de que le perdone a Yolanda lo que hizo. Pero don Marcos siempre ha sido decente conmigo, no quiero portarme grosera en su cara.
Amelia asintió.
—Entendido. Por cierto, ¿puedo acompañarte a buscar a los niños a la escuela? Desde que terminamos la grabación el fin de semana, no los he visto y ya los extraño un montón.
Erika sonrió con dulzura.

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