Sabía que, con ese pagaré en sus manos, al menos tenía una red de seguridad.
—Espero que tengas memoria —le advirtió Vanesa—. Porque si me fallas, te juro que te hundo conmigo.
Lorena asintió, manteniéndose en su papel.
—No tienes de qué preocuparte, voy a cumplir. Pero espero que tú también mantengas tu palabra. A partir de hoy, borramos nuestro historial y cada quien sigue su camino. Supongo que ya te enteraste del escándalo de mi origen; fuera de unos ahorros escondidos, me quedé en la calle. Si agarras el dinero y luego me traicionas... no tendré nada que perder, y una persona que no tiene nada que perder es capaz de cualquier cosa.
Vanesa asintió secamente y guardó el documento como si fuera oro.
—Descuida, lo que a mí me importa es el dinero. Si me eché la culpa en su momento, fue por los billetes. ¿Cuándo me depositas el resto?
—Dame tu número de cuenta. Necesito unas dos semanas, ¿está bien? —prometió Lorena.
Vanesa la miró con cierta sospecha, pero terminó aceptando con un gesto de cabeza.
Cuando Lorena se fue, Vanesa se dejó caer al suelo, rodeada por los fajos de billetes, y rompió en un llanto incontrolable.
Ese dinero estaba manchado con los años que perdió tras las rejas, comprado al precio de incontables humillaciones.
Recordó la celda estrecha, los días asfixiantes donde no veía la luz del sol.
Recordó tener que convivir con toda clase de delincuentes, soportando abusos y el desprecio constante.
Recordó las noches en las que lloraba en silencio hasta quedarse dormida, extrañando a su familia y maldiciendo la hora en que aceptó ese maldito trato.
Y ahora, aunque tenía una fortuna a sus pies, no sentía la menor pisca de alegría.
Sabía perfectamente que ningún billete del mundo podría borrar los traumas que llevaba encima.
Sus antecedentes penales la seguirían como una sombra, una mancha imborrable que siempre le cerraría puertas.
—Dos millones... se la dejé muy barata —murmuró Vanesa para sí misma.
Entre el arrepentimiento y las lágrimas, se consoló pensando que al menos su familia dejaría de pasar hambre. Tendrían una buena vida.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón