Camilo seguía inmerso en sus perversos planes, completamente ciego al hecho de que se estaba hundiendo en un abismo del cual no podría salir. Tarde o temprano, sus acciones le pasarían una factura devastadora.
Tania escudriñó los ojos de Camilo, buscando cualquier indicio de mentira. Al encontrar únicamente una supuesta firmeza, se relajó un poco.
—Está bien, te creo —susurró ella.
Camilo dejó escapar un suspiro de alivio. La atrajo hacia su pecho y le dio un tierno beso en la frente.
—No discutamos por tonterías. Tenemos que concentrarnos en construir nuestro futuro juntos.
Tania asintió y se recargó dócilmente en su pecho. Aunque ese hombre no le llegaba a los talones a Valerio Ramírez, en la intimidad sabía cómo complacerla. Además, si lograba ganarse el favor de Valerio más adelante, ya tendría tiempo de cambiar de estrategia.
Mientras tanto, en el piso de arriba, Lorena Jiménez observaba la escena escondida detrás de un enorme jarrón decorativo. Su mirada era afilada, cargada de un profundo asco al ver cómo se manoseaban sin pudor.
Si no estuviera tan sola y arrinconada, jamás se habría rebajado a aliarse con un par de basuras como Tania y Camilo.
Verlos refregándose en la sala solo aumentaba su desprecio.
Se burló internamente. Esos dos no eran más que unos patéticos esclavos de sus bajos instintos. Tania, con el cuento de querer salvar a la familia Quiroz, no tenía reparos en venderse y revolcarse con un trepador como Camilo.


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