En ese momento, dos personas se sentaron en la mesa de al lado. Al escuchar una voz familiar, Erika giró ligeramente la cabeza.
¡Eran Silvia Ramírez y Tania Quiroz!
Ambas también miraron en dirección a Erika. Con total naturalidad, ella retiró la mirada, sin mostrar la más mínima incomodidad.
Pero apenas apartó la vista, escuchó el tono mordaz y sarcástico de Silvia:
—Hay gente a la que simplemente le falta educación. Ven a sus mayores y ni siquiera se dignan a saludar.
Por muy despistada que fuera Erika, sabía perfectamente que esa indirecta iba dirigida a ella. Sin embargo, mantuvo su compostura, fingiendo no haber escuchado. Sabía que Silvia estaba acumulando mucha rabia por dentro.
Primero, por su culpa Valerio casi pierde la vida. Segundo, Erika no sabía qué método había usado él para convencer a sus padres de dejar de pelear por la custodia de los niños, pero fuera como fuera, Silvia no estaría nada contenta con el resultado. Que se quejara en voz alta era típico de ella.
De inmediato, otra voz llegó a los oídos de Erika.
—Señora Silvia, vinimos a disfrutar de una buena comida, no deje que otras personas le arruinen el momento. Mire, este es el platillo estrella del lugar, es verdaderamente delicioso.
¡Tania Quiroz! ¡Esa voz dulce y dócil era completamente distinta a la de la arpía que había estado en su estudio! Eran como un ángel y un demonio en un solo cuerpo.
En aquellas fotos que nunca llegaron a publicarse en las noticias, Tania y Valerio estaban cenando, y Silvia también estaba presente. Al parecer, Tania había conocido primero a la señora Ramírez, y su relación parecía ser bastante estrecha.
El juicio de Silvia no era precisamente el mejor. Si dejaba entrar a una víbora con cara de ángel como Tania a la familia Ramírez, seguramente habría un buen espectáculo que presenciar.
Mientras Erika reflexionaba en silencio, Martina susurró:
—¿Quién es esa mujer?
—Debería ser la futura nuera de la familia Ramírez —respondió Erika con frialdad.
—¡¿Qué?! —exclamó Martina, bajando la voz al instante—. Con razón le pusiste las cartas sobre la mesa a Valerio. Se nota que te molesta que haya otra mujer.
Acto seguido, Martina agitó la mano restándole importancia.
—Tranquila, él jamás se fijaría en ella.
Erika la miró de reojo y murmuró:
—Qué importa quién se fije en quién. Mejor cómete tu comida.
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