Martina frunció el ceño con ligera preocupación:
—¿Estás segura de eso? Después de estar al borde de la muerte, puedo sentir que aún sientes algo por él, o tal vez sea un sentimiento nuevo.
Erika desvió la mirada hacia la ventana, respondiendo con un tono apagado:
—Lo que pasó en el túnel me conmovió mucho, pero al pensar en la posibilidad de volver a salir lastimada en el amor, siento miedo...
Erika prefirió no mencionarle nada sobre Tania Quiroz a Martina. No tenía claro cuál era la verdadera relación de esa chica con Valerio, y para ser franca, tampoco quería involucrarse.
Martina le dio unas palmadas de consuelo y le dijo:
—Mi querida Eri, te lo repito: sea cual sea tu decisión, te apoyaré. Mientras no hagas ninguna locura, estoy contigo.
Acomodándose en su asiento, los ojos de Martina brillaron de emoción:
—Y en cuanto a lidiar con Yolanda, tienes que incluirme. Me pican las manos por verla acabada. Solo así me quedaré tranquila.
Erika dejó escapar una sonrisa de resignación y asintió.
El tiempo voló hasta dar las 11 en punto. Erika le envió un mensaje a los guardaespaldas y bajó del coche junto a Martina, dirigiéndose ambas a la oficina de la gerencia general.
En el interior, los cuatro guardaespaldas ya se habían puesto su ropa habitual y permanecían erguidos en una fila impecable.
Frente al escritorio de gerencia, se encontraba temblando el hombre que aparecía en el video.
—¿Gerente Quiroga, cómo le va? —saludó Martina con su mejor sonrisa corporativa, derrochando actitud.
El gerente Quiroga, quien acababa de recibir a las visitas, se apresuró a saludarlas:
—Señorita Quintana, tanto tiempo sin verla. Está cada vez más hermosa.

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