Tania se mordió el labio.
—Pero, ¿y si me descubren?
Sebastián la tranquilizó.
—Nadie se dará cuenta, lo tengo todo planeado. Solo tienes que hacer lo que yo te diga.
Tania se sumió en sus pensamientos. La ira que sentía había sido reemplazada por el miedo y la indecisión.
Al verla así, él volvió a abrazarla.
—Mi amor, confía en mí, es nuestra única oportunidad.
Tania levantó la mirada y lo observó a los ojos.
—¿De verdad vas a tratarme bien?
Él asintió con solemnidad.
—Por supuesto, te lo juro.
Finalmente, envuelta por sus dulces mentiras, Tania accedió.
....................
Por otro lado, Erika estaba sentada en su oficina, absorta en sus pensamientos.
Aquella mujer le había parecido bastante atractiva. Si Erika había sido tan dura con ella, era porque detestaba su actitud arrogante y, sinceramente, no quería hacer negocios con alguien así.
Sin embargo, por alguna razón, las imágenes de esa sesión se habían quedado grabadas en su mente y no lograba apartarlas.
Casi a la hora de cerrar, mientras guardaba sus cosas, Erika vio entrar a Amelia Chávez con una caja entre los brazos. En ese instante, recordó el espeluznante muñeco ensangrentado.
—Amelia, ¿has sabido algo más sobre el muñeco?
Amelia negó con la cabeza.
—Con todo lo del túnel, el señor Romero no ha tenido cabeza para investigar. Yo revisé las cámaras de seguridad, pero solo se ve a una persona completamente cubierta entregando el paquete. No hay ni una sola pista.
Erika frunció el ceño, pensativa. De repente, Amelia soltó:
—¡Señorita Milán! ¿No cree que pudo haber sido Yolanda?
Erika negó lentamente.



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