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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 721

Erika no dijo nada, con el corazón en un puño pensando en cómo iría el rescate allá afuera.

Después de un largo rato, Valerio se volvió hacia ella, la miró a los ojos y, con un tono lleno de un profundo sentimiento, le dijo:

—Eri, ¿podemos hablar seriamente?

Al ver que Erika guardaba silencio, añadió:

—Eri, sé por qué me guardas rencor. Aquí mismo, escúchame lentamente, déjame explicártelo, ¿sí?

Erika parpadeó, con una expresión compleja. No asintió, pero tampoco negó con la cabeza.

Enseguida, la voz de Valerio resonó ronca y baja en el espacio reducido:

—La primera vez que te obligué a entrar al quirófano, en el mismo instante en que cruzaste las puertas, me arrepentí de haberte tratado así. Cuando quise empujar la puerta para detenerlo todo, escuché lo que pasaba adentro. Me di cuenta de cuánto querías proteger a los niños, pero también supe que, a partir de ese momento, habías empezado a odiarme.

Valerio hizo una pausa, tomó la mano de Erika y continuó:

—En ese entonces, de verdad creía que me habías traicionado y que esperabas el hijo de otro hombre. Actué cegado por la furia, y al ver tu expresión llena de resentimiento, pensé en posponer las cosas y tratar de contentarte después.

Valerio soltó un pesado suspiro y comenzó a hablar de la segunda vez:

—Aquella vez que recibí las fotos, tenía ganas de buscar a ese infeliz y acabar con él. Mi rabia llegó a su límite, por lo que volví a tener la idea de deshacerme del bebé. Pero me suplicaste llorando, y mi corazón se ablandó por completo al verte así.

Al llegar a este punto, Valerio envolvió fuertemente las manos de Erika con las suyas. Con los ojos enrojecidos, confesó:

—Así que me tragué la humillación que sentía en el pecho, convenciéndome de aceptar tu supuesta traición, e incluso de aceptar a la criatura. Tenía terror de que te fueras, muchísimo miedo, y por eso te mantuve encerrada en la mansión Ramírez.

Erika, con la voz ahogada por el llanto, sacudió la cabeza.

—Valerio, nos hemos hecho demasiado daño, ya no podemos volver atrás, es imposible...

—¡No! Claro que podemos, siempre y cuando tú quieras. —La emoción de Valerio se desbordó. Sosteniendo el rostro de la mujer y tras pronunciar esas palabras llenas de pasión, bajó la cabeza y la besó directamente en los labios.

Aquel beso llegó como una tormenta implacable, cargado de una determinación desesperada y de un profundo apego.

Sus labios presionaron los de ella con intensidad, como si quisiera transmitirle en ese único gesto todos sus sentimientos reprimidos, todo su arrepentimiento y sus súplicas.

La punta de su lengua se abrió paso con insistencia entre los labios cerrados de Erika, explorando sin reservas cada rincón de su boca.

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