Erika no mostró ninguna emoción al verlo. Su voz fue completamente plana cuando preguntó:
—¿De qué querías hablarme?
Aunque, considerando que le había salvado la vida el día anterior, su tono era, dentro de todo, bastante cortés.
Valerio se sentó en la silla frente al escritorio de Erika y fue directo al grano:
—¿Eres muy unida a Catalina Morales?
Erika frunció el ceño, desconcertada por la pregunta.
Pero, manteniendo la calma, respondió:
—Le tengo mucho respeto. Es una gran profesional.
Valerio pareció procesar la respuesta antes de continuar:
—¿Es ella la amiga a la que siempre dijiste admirar?
Erika asintió levemente, con la mirada un poco perdida.
—Entonces, ¿sabías que estaba haciendo trabajos por fuera a espaldas de su agencia? —insistió Valerio.
Erika le lanzó una mirada fría y guardó silencio.
El rostro de Valerio adquirió un matiz más serio.
—Eri, eso es un pecado capital en esta industria. Si quieres grandes proyectos de fotografía, yo puedo conseguirte los que quieras. Pero ella...
—Valerio —lo interrumpió Erika de tajo—. ¿Qué es lo que sabes exactamente?
Valerio no dudó ni un segundo.
—Lo sé todo. Incluso sé que firmaste el contrato de Villa San Julián.
Erika hizo una pequeña pausa.
Valerio no se movió. En cambio, le ofreció con voz cálida:
—No has comido nada. Vamos, te llevo a almorzar.
—No tengo hambre —se negó ella en seco.
Valerio analizó la situación por un momento. Dedujo de inmediato que el cambio drástico en el humor de Erika se debía a la confesión de Magdalena.
—¿Tú firmaste el contrato de Villa San Julián para ayudarla? Magdalena en realidad quería ir contra ti, así que... ¿sientes que por tu culpa Catalina terminó pagando los platos rotos?
Al ver que Erika no respondía, supo que había dado en el clavo.
—Magdalena estaba obsesionada con ese contrato —explicó Valerio con paciencia—. Es un proyecto que pondría a cualquiera en la cima. No importaba quién se lo llevara, ella lo habría odiado igual. No era un ataque directo hacia ti; era su propia avaricia. No tienes por qué cargar con esa culpa.
Temiendo que Erika no le creyera, siguió desmenuzando la situación:
—Magdalena se enteró de que Catalina había conseguido el proyecto y fue a denunciarla a su estudio. Luego descubrió que el nombre de la fotógrafa en los papeles era el tuyo, así que dirigió todo su veneno hacia ti. Te emboscó en el estacionamiento por dos razones: por la polémica en internet y por este contrato. Estaba convencida de que Catalina le había robado el proyecto para regalártelo a ti, así que, muerta de rabia, la denunció varias veces más por otros trabajos menores. Esa es la verdad absoluta. Tú no tienes la culpa de nada, ni siquiera indirectamente.

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