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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 654

Por la noche.

Tal como había advertido, Valerio no se fue. Incluso se encargó personalmente de contarles un cuento a los niños antes de dormir. Una vez que se quedaron profundamente dormidos, se instaló en el sofá de la sala a revisar su celular.

Al verlo ahí sentado con tanta tranquilidad, Erika se acercó a Greta y le susurró:

—Juana y tú ya vayan a lavarse y a dormir. Él se quedará un rato y luego se irá.

Erika dio esa orden para no darle oportunidad de pedir que le prepararan la habitación de invitados.

No pasó mucho tiempo cuando se escuchó el pitido de la puerta principal al ingresar la contraseña.

Erika, que estaba al fondo de la sala, vio cómo Valerio volteaba a mirarla de reojo antes de caminar a paso rápido hacia la entrada.

En ese instante, vio entrar a Leonardo.

Valerio se paró frente a él con el semblante completamente ensombrecido y preguntó con frialdad:

—¿Qué haces aquí a estas horas? ¿Por qué tienes la contraseña del departamento de Eri?

Leonardo se tiró en el sofá con una expresión de triunfo:

—¿Ya olvidaste de quién soy hermano? Somos familia, ¿te parece raro que tenga la clave?

Valerio lo fulminó con la mirada y luego volteó a ver a Erika.

Ella no pudo evitar dedicarle una sonrisa de inmensa satisfacción.

Fue entonces cuando Valerio entendió: Erika había llamado a Leonardo a propósito.

¿Si él no se iba, ella traía a su hermano para echarlo?

Valerio se sentó directamente al lado de Leonardo y le dijo en un tono tan bajo que Erika no pudo escuchar:

—Te sugiero que te largues de una vez por todas.

Leonardo arqueó una ceja con descaro:

—Eri está soltera, y una mujer soltera siempre cuenta con el respaldo de su familia. Así que, básicamente, esta también es mi casa. Que un exesposo venga a mi territorio a intentar echarme... digamos que no se ve nada bien.

Valerio cerró los ojos, desesperado. Al segundo siguiente, agarró a Leonardo por el cuello de la camisa:

—Levántate. Vamos al balcón.

—¿Y entonces qué haces tú aquí de arrastrado a media noche?

Valerio suspiró con pesadez:

—Ya le dije todo lo que podía decirle, pero está necia. No hay forma de cancelar esa cena familiar. Si ella sigue tan terca, mi madre es capaz de venir hasta acá a armar un escándalo. ¿Por qué no me ayudas a convencerla?

—¿Ayudarte a convencerla? ¿Te tomaste algo antes de venir? ¿Tienes idea de todo el infierno por el que hiciste pasar a mi hermana? Aunque prometí no meterme, jamás en la vida me pondría de tu lado —le espetó Leonardo con brusquedad.

Al escuchar su respuesta, la voz de Valerio se volvió glacial:

—Me parece que no estás entendiendo la gravedad de lo que te digo.

Leonardo se ofendió de inmediato:

—¿Que no estoy entendiendo? A ver, explícame, ¿qué sigue después de esa bendita cena? Van a querer quitarle a los niños, ¿o me equivoco? Valerio, se te nota a leguas lo que planeas, pero mi hermana no es ninguna idiota. ¿Ahora entiendes por qué no quiere ir?

Valerio se quedó en silencio. ¿Cómo no iba a saber a qué le tenía terror Erika?

Lo que de verdad le quitaba el sueño era que, en este momento, a ella no le entraban las balas. Si las cosas seguían estancadas así...

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