¡Para ella, los lazos de sangre estaban por encima de cualquier otra cosa!
Por las palabras que Yolanda había soltado y su evidente actitud a la defensiva, Erika intuía que, si bien una parte de ella no lograba asimilar la realidad, la otra parte estaba profundamente decepcionada porque la familia Jiménez no tenía el nivel de poder y riqueza que la familia Romero.
Pero eso era algo que debía guardarse para sí misma.
...
Al salir de la comisaría, Leonardo seguía con las manos vacías y la mente en blanco. Tras dudarlo mucho, finalmente decidió ir a buscar a Valerio.
Después de todo, Erika le había comentado que, durante el viaje a Pueblo Arboleda, Valerio sospechaba que Yara Cervantes tramaba algo. Quería preguntarle si había descubierto alguna pista.
Cuando llegó a las oficinas del Grupo Ramírez, Valerio estaba en plena reunión. Martina, en su calidad de gerente general de DC Entretenimiento, también estaba presente.
Mientras Leonardo caminaba por el pasillo hacia la oficina de Valerio, Martina lo vio pasar.
Leonardo esperó un rato en la oficina hasta que Valerio y Martina entraron juntos.
—¡Leonardo! ¡Quién lo diría! Resulta que Erika, a la que siempre trataste como una hermana, terminó siéndolo de verdad —dijo Martina apenas cruzó la puerta, yendo a sentarse a su lado, visiblemente emocionada por su amiga.
Leonardo esbozó una sonrisa cansada.
—Así es. Estos días me la paso asimilándolo todo.
Tras un breve intercambio de cortesías, Valerio los observó con el rostro inescrutable.
Leonardo fue directo al grano.
—Marti, qué bueno que estás aquí. Miren esto.
Valerio vio la caja sobre la mesa de centro y tomó asiento.
Leonardo la abrió. En un instante, los rostros de ambos se ensombrecieron.
—Ya hablé con Amelia. Erika no ha tenido problemas con nadie últimamente. Fui a la policía, pero no creo que encuentren gran cosa. Ustedes están más empapados de los problemas recientes, díganme si se les ocurre quién pudo haber hecho esto.
—Yo también creo que fue una mujer, y una que ve demasiadas telenovelas. Lo de la maldición no me quita el sueño, lo que me aterra es que sea una advertencia antes de hacernos daño de verdad.
Valerio, con la voz cargada de seriedad, intervino.
—Desde que empecé a investigar a Yara, le puse guardaespaldas a Erika. Según sus reportes, nadie sospechoso la ha estado siguiendo.
Se hizo un silencio sepulcral en la habitación. Martina se quedó mirando fijamente a Leonardo.
Leonardo empezó a sentirse incómodo bajo su escrutinio.
—Dime lo que estás pensando. Me miras como si tuviera un fantasma pegado a la espalda.
Martina apretó los puños y, midiendo sus palabras, comenzó a hablar.
—Voy a ser directa. No tenemos pruebas y esto es pura especulación, así que no te lo tomes personal ni te alteres.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón