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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 630

Esta vez, fue Valerio quien se quedó sin palabras.

Su mirada profunda recorrió el rostro de Erika por un instante antes de perderse en la oscuridad del horizonte. Con semblante sombrío, encendió otro cigarrillo y comenzó a fumar.

Erika dibujó una media sonrisa en sus labios, con un toque de ironía:

—¿Vas a pedir de vuelta la Villa Luna Blanca? ¿Y los regalos de lujo que enviaste para la inauguración, también los quieres de regreso? Ah, y todos los gastos menores que has cubierto, ¿te los pago? Aunque, para ser sincera, no tengo ganas de devolverte nada. Antes fui demasiado estúpida, nunca le di importancia al dinero. Pero ahora me he dado cuenta de algo: las personas te pueden fallar en cualquier momento, pero el dinero... el dinero es lo único que nunca te traiciona.

Dicho esto, Erika se quitó la chamarra que él le había puesto sobre los hombros y la dejó colgada en el barandal.

—Mi casa no está lejos de aquí. Me iré caminando. Adiós.

Apenas dio el primer paso, Valerio, con el cigarrillo aún en los labios, la sujetó del brazo.

—Sube al auto. Te llevaré a casa, no es seguro caminar por aquí sola.

De inmediato apagó el cigarrillo, abrió la puerta y, con un empujón firme pero sin lastimarla, la metió al auto.

Durante todo el trayecto de regreso, ninguno de los dos pronunció una sola palabra.

...

Al día siguiente, al mediodía.

Erika acababa de terminar sus pendientes y se sentó en su silla de oficina. En ese momento, Amelia entró apresurada y le mostró su teléfono:

—Erika, fíjate qué quieres comer hoy, yo pido la comida.

Mientras Erika revisaba las opciones, alguien llamó a la puerta. Sin apartar la vista de la pantalla, respondió:

—Adelante.

—¡Eri! —Una voz cálida y familiar la hizo levantar la vista de inmediato.

Eran Liliana y Leonardo. Su hermano llevaba un par de recipientes térmicos en las manos.

Erika se levantó de un salto, sorprendida.

—¡Mamá, Leo! ¿Qué hacen aquí?

No dejó de servirle más comida en su plato y de paso empezó a hablar sobre los planes de salir de viaje todos juntos en familia.

Gracias a esto, la pesadez y tristeza que Erika venía arrastrando desde la noche anterior se desvanecieron por completo.

Al terminar de comer, Liliana y Leonardo decidieron quedarse a platicar hasta que se terminara la hora de descanso de Erika.

Amelia les sirvió unas bebidas y salió de la oficina, cerrando la puerta tras de sí.

Leonardo le hizo un gesto sutil a Erika con los ojos. Ella entendió de inmediato: era el momento de hablarle a Liliana sobre los niños.

Erika tomó un sorbo de café y empezó a relatar su vida desde que se graduó, hasta llegar gradualmente a su matrimonio y su divorcio.

Sin embargo, para no causar más sufrimiento a su madre, omitió deliberadamente todos los abusos y humillaciones que había sufrido bajo el yugo de la familia Milán y el desprecio con el que Valerio la había tratado en el pasado. Guardó los peores horrores para sí misma.

Al notar que ella evitaba esos temas, Leonardo respetó su decisión y guardó silencio.

Justo cuando terminaron de hablar y Liliana expresaba su inmenso deseo de conocer a sus nietos, alguien tocó la puerta de la oficina. Y por el sonido... los golpes eran desesperados.

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