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La Patrona y sus Trillizos: El exesposo rogón romance Capítulo 624

Erika permanecía sentada como si le hubieran arrancado el alma. Con la mirada vacía fija en el suelo, sentía un agotamiento que le calaba hasta los huesos.

Recordó aquellos años; ella solo quería casarse con el hombre que amaba, tener hijos y vivir una vida tranquila y ordinaria. Pero una extraña se había encargado de destruir todo eso.

¿Qué tan obsesionada estaba Lorena Jiménez con Valerio como para orquestar un plan tan perverso y separarlos?

En medio de su trance, una voz cálida la devolvió a la realidad:

—¿Eri?

Erika levantó la cabeza lentamente. Era Leonardo, pero no venía solo; Valerio Ramírez estaba junto a él. Valerio le dirigió una mirada profunda y luego caminó directo hacia donde estaban los oficiales.

—¿Eri? ¿Qué te pasó? —preguntó Leonardo, rodeando sus hombros con preocupación, sin poder evitar mirar a la mujer arrodillada en el suelo.

Erika intentó reponerse y respondió con voz cansada:

—No es nada. Leo... ¿ya podemos irnos?

—Él fue a firmar los papeles, en un momento salimos.

—Está bien...

Al ver el semblante de Erika, como si acabara de recibir un golpe devastador, Leonardo volvió a mirar a la mujer arrodillada y preguntó, sin entender nada:

—¿Qué está pasando aquí?

Erika cruzó la mirada con él.

—Te lo cuento en cuanto salgamos de aquí.

Justo en ese momento, un oficial se acercó y levantó bruscamente a Lidia del suelo.

Al ver que se la llevaban, Lidia juntó las manos en súplica, mirando a Erika con desesperación:

—¡Se lo suplico, ayúdeme! ¡Ayúdeme!

Apenas terminó de gritar, se la llevaron al área de detención.

Al ver que Valerio seguía hablando con la policía a lo lejos, Erika aprovechó para resumirle a Leonardo todo lo que Lidia le acababa de confesar.

Leonardo quedó petrificado ante la magnitud de la intriga de Lorena Jiménez. Tras asimilar el golpe, intentó calmar a Erika:

—Eri, no llores. A partir de mañana mismo empezaré a investigar a esa mujer víbora. Le haré pagar a ella y a la familia Milán todo lo que te hicieron.

Una vez firmados los papeles y resueltos los trámites, Erika caminó junto a Leonardo hacia su auto.

Sin embargo, Valerio se acercó y la tomó suavemente del brazo:

—Yo te llevo a casa.

Erika levantó la vista y notó una expresión compleja y sombría en su rostro. Su corazón empezó a latir con fuerza, presa de la ansiedad.

Si Lidia le había contado a Valerio lo mismo que a ella... entonces él ya debía haber deducido que la prueba de ADN fue manipulada y que los niños eran suyos.

Erika no dijo una palabra. No tenía ánimos para hablar con él. Se soltó de su agarre con un movimiento seco y siguió caminando hacia el auto de su hermano.

Pero Valerio no se rindió y la siguió de cerca.

—Eri, sube a mi auto, yo te llevo.

Erika lo miró fijamente y, finalmente, no pudo contener la pregunta que la carcomía:

—Cuando Lidia te agarró hace un momento, ¿qué te dijo?

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