A pesar de la gorra y el cubrebocas, ¿Magdalena la había reconocido?
Erika, acostumbrada a llevar una vida sencilla y tranquila, no tenía muchas ganas de interactuar con demasiada gente, pero ya que la había reconocido, no podía simplemente negarlo.
Erika asintió levemente, escaneó el código para pagar y se dispuso a marcharse, pero Magdalena la siguió.
—Vaya, parece que de verdad el destino nos cruza a cada rato —dijo Magdalena, echando un vistazo alrededor—. ¿Vienes con amigos?
—Sí, con unos amigos —respondió Erika de forma evasiva.
—Veo que no hablas mucho, ¿eres así de introvertida? —Magdalena se detuvo y le tendió la mano a Erika—. Hola, me presento de nuevo: soy Magdalena, una reconocida fotógrafa.
Erika observó su sonrisa seductora y sintió cierta incomodidad. Le recordaba a esa gente con sonrisa fingida que solía cruzarse en su antiguo trabajo.
Pero aun así, le estrechó la mano con cortesía.
Magdalena prosiguió:
—En aquella fiesta, pensé que solo eras la acompañante de Valerio Ramírez. Pero el enorme regalo que te envió el día que inauguraste tu estudio ha dado mucho de qué hablar en nuestro círculo.
Mientras hablaba, Magdalena evaluaba a Erika con la mirada. Al recordar la escena y los videos que algunos transeúntes habían subido a las redes sociales, sintió que la envidia la corroía por dentro.
Valerio Ramírez se había negado a invertir en su estudio, pero había mostrado un interés especial en el de Erika.
Todos sabían que, con el poder e influencia de Valerio, hacer una entrada tan ostentosa y enviarle un obsequio atraería a muchísima gente ansiosa por ganarse el favor de esta mujer.
El impacto de algo así era casi comparable al de una inversión del Grupo Ramírez.
¿Sería posible que el estudio de Magdalena también estuviera en la misma calle cultural? Como Erika abrió su estudio primero, ¿eso había arruinado los planes de Magdalena?
Erika se compuso un poco y respondió con educación:
—Señorita Magdalena, ¿se refiere a Valerio Ramírez del Grupo Ramírez? Solo fui su pareja de baile en una ocasión. El hecho de que me enviara un regalo no fue por mí; un muy buen amigo suyo y yo somos cercanos, y Valerio vino a apoyar a ese amigo.
—¿De verdad? Disculpa mi indiscreción. A propósito, ¿también eres fotógrafa, o abriste el estudio solo para jugar a ser la dueña?
Magdalena se apresuró a contestar y se disculpó, soltando una risa nerviosa. Sin embargo, su sonrisa ocultaba claramente su desconfianza hacia las palabras de Erika.
Erika mantuvo su expresión estoica y continuó con cortesía:
—He oído hablar mucho de usted. Es una de las fotógrafas más admiradas y respetadas en el medio. Yo solo soy una novata que apenas está aprendiendo. En cuanto a lo del estudio, lo abrí porque no soy muy hábil lidiando con temas de socialización y políticas laborales, así que me pareció mejor trabajar por mi cuenta.

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